TIERRA QUEMADA

MANUEL ALCÁNTARA

Tal día como ayer celebramos el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas y España sigue buscando en la Transición el consenso político perdido. En algún sitio tiene que estar, porque ya sabemos que «hasta el botón que se pierde, no se pierde», sólo se queda huérfano de su ojal. El Vaticano nos ha tendido su piadosa y a veces oculta mano al decir que «todos los españoles tienen que decidir», no sólo los que griten más o los que tengan mejores micrófonos. La España provincial, de la que hablaba y escribía Ortega, al que no le gustaba la palabra «provinciana», se ha visto reforzada. Que nos consulten a todos, no sólo a los que se impacienten más en la sala de espera. No se ha ido de vacío Sáenz de Santamaría en su visita.

La vicepresidenta del Gobierno se reunió con Parolin, que es el número dos de la Santa Sede, que ya sabemos que tiene muchos números para actuar en el circo diplomático. Le ha dicho que somos todos los que tenemos derecho a decir que esta boca es nuestra, incluso los que tienen hambre y sed de justicia, y los que están boquiabiertos porque no entienden nada de lo que está pasando y no acaba de pasar. Los que creemos en la «regeneración democrática» esperamos que primero se elabore un borrador. Los expertos dicen que eso será para el otoño, cuando las musas engorden y las hojas caigan, pero los incendiarios son más numerosos que los bomberos, aunque haya hasta cinco leyes que impiden recalificar los suelos achicharrados por la mano del hombre, al que Dios no se decide a echarle una mano. El más hermoso de nuestros parques naturales, Doñana, ha sido mutilado. Unos dicen que por voluntad y otros que por negligencia, pero los árboles, viudos de sus pájaros, no entran en discusiones.

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