TIEMPO DE DESACUERDOS

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

El objetivo de la política debería ser el acuerdo, el consenso, el entendimiento y el acercamiento de posturas para conseguir el bien común de los ciudadanos que son a quienes deben sus actas nuestros parlamentarios, concejales, diputados en Cortes y senadores.

En La Rioja, ciertamente, las infraestructuras -o más afinado: la insuficiencia de ellas- deberían merecer por sí solas un pacto que uniese a los representantes de la vida política al margen de intereses partidistas. Es muy posible, porque las organizaciones patronales y sindicales ya han dado muestra de su responsabilidad en tiempos pasados (en el 2010 contra la «indignidad» que supuso el arbitrario e inaceptable 'blindaje' del Concierto Económico vasco, y en el 2011, contra la infame marginación del eje ferroviario riojano ante Europa), que el Gobierno de La Rioja consiguiese firmar hoy con ellos un acuerdo institucional (el primero de esa envergadura de la etapa de José Ignacio Ceniceros) para demandar al Ministerio de Fomento actuaciones concretas, con presupuestos y plazos.

Sin embargo, alcanzar esta imagen de unión entre el Ejecutivo y el Legislativo regional (los grupos con representación parlamentaria) parece tarea imposible. Dos veces, el presidente les ofertó un pacto de región sobre las infraestructuras. Y dos veces (al menos en sede parlamentaria y en sesiones de excelsa entidad como son los plenos del debate del estado de la región), los partidos han demostrado su incapacidad para lograrlo pues, obtusos, anteponen sus cálculos electorales a la unidad con la que demostrarían verdaderamente su utilidad a esta tierra.

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