Terror en Afganistán

Hace ya algunos años circuló una hipótesis de trabajo que sugería la conveniencia de dejar a los afganos encargarse de su interminable guerra civil visto que había surgido un actor desconocido hasta entonces, el Estado Islámico, y que son incompatibles. No prosperó la audaz tesis y las cosas siguen allí estancadas y sin porvenir a la vista. Ayer un terrible atentado de los talibanes mató a un centenar de paisanos en pleno centro de la capital afgana, Kabul. Sugerir, como se hace, que solo una involucración abierta del vecino Pakistán podría cambiar el rumbo de las cosas tampoco sirve ya, vista su hostilidad a alterar el trágico statu quo creado por su Estado Mayor, un actor clave de la tragedia en términos políticos y militares. En este marco, los talibanes, aunque incapaces de derrotar a la fuerte coalición internacional presente, prueban que, a su vez, son invencibles sobre el terreno. ¿Qué hacer? La tesis al uso de preparar un ejército nacional solvente y capaz para ir cediéndole la responsabilidad es mera retórica, visto lo visto, y el empeoramiento sobre el terreno se expresa de nuevo. El único factor clave sigue siendo político y confesional. No sería una locura reactivar la negociación que, con mediación de Catar, pareció prometedora en ese marco.

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