LA TERRIBLE FAMILIA

MANUEL ALCÁNTARA

Para darse una idea de lo bien que va España, dentro de la desgracia del separatismo, hay que oír al presidente Jean-Claude Juncker, que ha vuelto a decirnos a todos que una Cataluña independiente no tendría sitio en Europa. Así de claro, mientras la niebla sigue jugando a deshacer ciudades y volverlas a edificar. Puigdemont ha relevado a todos los consejeros que expresaron sus dudas para volcarse en el referéndum ilegal y unilateral anunciado para el 1 de octubre. Así que lo prometido no solo es deuda, sino duda más o menos metódica.

¿Se puede quedar fuera del continente uno de los tres países que lo fundaron? Eran otras épocas, pero nunca ha habido tiempos buenos y malos porque todos dependen de la conducta humana, que tarda en variar más que el perfil de las montañas. Los tres consejeros relevados, todos del partido de Puigdemont, ocupan puestos clave, en el supuesto que ahora los haya, porque las claves se han extraviado. Incluso Mariano Rajoy le ha acusado de llevar a cabo una purga de «dudosos». Son todos los que no se vuelcan en el referéndum. Si la familia Pujol decidiera trasladarse de país, o de nación de naciones, subiría el euro.

Después de su corta visita, el presidente de Estados Unidos, que sabe que los huéspedes y la pesca a los tres días apestan, se ha despedido de Emmanuel Macron. Han hecho muy buenas migas. A pesar de ser opuestos se han esforzado en congeniar. Estas familias se parecen cada vez más a la mafia. El miedo se extiende en Cataluña, pero hemos dado en decir que no es peor que lo que se teme, sino exactamente igual. Los caníbales siempre han disfrutado de un gran apetito y se comen unos a otros. Bob Dylan dijo que aceptaba el caos, pero no estaba seguro de que el caos lo aceptara a él. En eso estamos ahora todos, por lo menos hasta el 1 de octubre.

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