A la tercera

Tres decretos en tres años para tratar de regular el acceso a las nuevas plantaciones de viñedo no son, desde luego, argumento para alimentar el orgullo del Ministerio de Agricultura. Y más aún cuando parte de los dos primeros repartos acabaron enredados en los juzgados y alguno por ahí sigue. Ahora bien, sí queda demostrada la elástica cintura del departamento de Isabel García Tejerina para cambiar de principios cuando los que maneja disgustan a una parroquia formada, al fin y al cabo, por impacientes administrados y revanchistas votantes. Y los fundamentos en los que el Ministerio ha sustentado el acceso al nuevo viñedo desde 2015, cuando el asunto dejó de ser potestativo de las consejerías de agricultura de cada Comunidad, no han gustado. En Rioja nada. Y se han investido de una polémica indeseada por, precisamente, no ser capaces de asegurar los objetivos que marcó la Comisión Europea para ofrecer garantías donde se venía denunciando arbitrariedad. El tercer decreto, aún nonato, aún en fase de redacción, pinta mejor. Le da la vuelta al calcetín y, como parece lógico, proyecta un reparto más social en el que prima al viticultor profesional y con explotaciones agrarias de menor extensión. Pero ha tenido que ser a la tercera.

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