EL TARJETERO DE LA ESPERANZA

MARTÍN SCHMITT RABONA AL ÁNGULO

En estos tiempos en los que prima el egoísmo sobre el bien colectivo, hay esperanza. En esta era en la que los nervios están a flor de piel, que una discusión de aparcamiento puede acabar mal o que un agente del orden abuse de su autoridad, existe un horizonte distinto. En estos días de gobiernos que se sienten independizados, de artículos 155, de mociones de censura y partidos políticos lucrados con dinero negro, se puede creer en un mundo distinto. Lo veo, de momento, en los ojos de mi hija y muchos de sus amiguitos, llenos de ilusión por todo lo que afrontan, aunque los padres nunca estaremos libres de berrinches y caprichos.

Pero también considero que hay esperanza en los actos, a veces muy pequeños, que llevan a cabo algunos seres humanos en esta sociedad más dada al CRsietismo que a arrimar el hombro por el bien común. Como la persona, anónima ella, que me llenó de felicidad el mes pasado, cuando perdí mi DNI por las viñas por las que trato de evadirme a trompicones con mi bici. Por costumbre, cuando salgo a dar pedaladas guardo mi documentación en un tarjetero de plástico junto a un poco de dinero que utilizo si quiero frenar a tomarme algo o por si surge alguna emergencia. Pues bien, se me extravió por lo que tuve que hacer la pertinente denuncia y sacar turno para renovar el DNI.

Y en esas estaba cuando recibí la llamada de la Comisaría de Lardero, para informarme de que tenían mi documentación. ¿Y cuál fue mi sorpresa? Que el buen samaritano que la encontró por el campo la entregó con el tarjetero y dentro, plegados e intactos, los 10 euros con los que había salido esa mañana. Todavía creo que tenemos esperanza de mejorar como sociedad.

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