Suspenso en junio

El adelanto a junio de las recuperaciones de Secundaria y Formación Profesional, hasta ahora fijadas en septiembre, ha traído en las aulas una cierta sensación de caos que se ha traducido en la apertura de expedientes a los profesores que invitaron a sus alumnos ya aprobados a no ir a clase durante las dos últimas semanas de curso. Al adelantar los exámenes de recuperación, los estudiantes que habían superado todas las materias tenían que seguir yendo a las aulas obligatoriamente hasta hoy, pero sin ningún objetivo académico concreto. La Consejería, en una orden publicada en febrero, conminó a todos los institutos a presentar un «plan de atención al alumnado» en el que indicasen las actividades educativas que se habían previsto para afrontar esta circunstancia. Resulta evidente que, por más bondades teóricas que se esgriman sobre el nuevo sistema, algo ha fallado en la práctica: o algunos centros no han actuado diligentemente o Educación no ha previsto bien todas las consecuencias de la medida. En cualquier caso, tampoco los profesores tienen potestad para exonerar a los alumnos de acudir a clase, cuando la asistencia sigue siendo obligatoria. La problemática experiencia de este año debe servir para extraer lecciones y determinar cómo se debe actuar en próximos cursos.

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