STAR WARS

PABLO HARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

Ayer comenzó el invierno y me pilló casi de noche y con resaca. Un dolor de cabeza que martilleaba mi espíritu ya esquilmado por la insoportable matraca catalana y Star Wars, dos historias interminables y apocalípticas que se enredan en el tiempo con capítulos inescrutables e imposibles de ordenar. Yo vi el estreno en el Sahor de la Guerra de las Galaxias y me tragué las tres sesiones con mi pobre amigo Juanjo. Por cierto, siempre he pensado que de aquel empacho no me recuperé jamás y que buena parte de lo que me he convertido tiene que ver con el exceso de Han Solo y la Princesa Leia, una especie de Andrea Levy peinada a guisa de Dama de Elche. Así que a estas alturas de mi existencia y con el enésimo recuento dando vueltas en mi cabeza, no sé muy bien si la amenaza fantasma fue antes de Pacto del Tinel y si los hijos de Pujol son retoños de Darth Vader y de Sor Lucía Caram, madre putativa del procés. Todo un lío con el imperio, el senado y Estremera, que es como aquella gigantesca nave gorda y planetoide donde había que meter una bolita para que la recogieran los Jordis, los gitanos que duermen con ellos y el padre Junqueras, al que seguramente le pilló el asunto con el cilicio en una mano y el lado oscuro de la fuerza bajo la almohada. Cheewaka, no lo duden, es Xavier García Albiol, aunque dentro estén Mariano y a la sombra Soraya repasando los puntos de la operación diálogo. Todos quieren ser C3PO, tan listo que apenas habla. Me recuerda a Iceta. No tengo muy claro si Puigdemont es un extra; creo que sí, porque existen personajes callados y oscuros que han ido medrando a costa de este lío y a la vez haciéndose inmensamente ricos, como el conde de Godó, un grande de España en toda regla.

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