SONRÍA POR FAVOR

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

La verdad es que hemos pasado un fin de semana estupendo observando sonrisas por doquier. Lo que está francamente bien porque la sonrisa es contagiosa y, vamos a ver, siempre dará más gusto contemplar buenas caras que semblantes hoscos, ¿no?

Tanto en la 'conmoción nacional' del PP en Sevilla -como leí en un diario digital el sábado y me pareció un juego de palabras espléndido-, como a las puertas de una clínica privada en Madrid, las imágenes de la televisión, los vídeos en internet, nos han mostrado que hay mucha gente influyente en este país que sonríe porque es feliz y «todo (les) va bien».

Va bien en el PP, a pesar del varapalo de la justicia alemana en el caso del expresidente catalán y del atolladero en el que les ha metido el polémico máster de la presidenta madrileña, que amargaron un cónclave al que llegaban con todos los cabos atados para soltar amarras de cara al futuro. El guión se cumplió, por supuesto, y las mesas-coloquio se desarrollaron según los previsto, pero increíblemente ajenas a los desafíos que amenazan con secar las raíces del nuevo árbol que simboliza la fortaleza del PP, siquiera antes de que brote la primera yema en sus ramas. Todos sonrientes, pero con sonrisas más falsas que un billete de tres euros.

Aunque a los populares les ganó para mi gusto la Casa Real: qué escenificación del buen rollo, la armonía, la felicidad, la complicidad. Eso, eso es lo que vale, y no lo de Palma de Mallorca, que fue un lamentable malentendido. Todo tan natural, tan espontáneo, que supera con creces al vídeo que hace unas semanas mostraba a un rey, a una reina, a una princesa y a una infanta comiendo sopa. ¡Jajaja! Con lo que quemaba.

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