SÓLO HAY DOS VÍAS

PABLO GARCÍA-MANCHA MIRA POR DÓNDE

El nacionalismo supremacista una vez más ha puesto en jaque la Democracia española. La situación es tan grave que se ha llegado a un punto de no retorno porque el desafío tiene caracteres irreversibles. Sólo hay dos salidas. Una es la pactista, que es la que persiguen el PNV y cómo sea que se llame el nacionalismo catalán, y consiste únicamente en la acumulación de todo tipo de estrategias para llegar a la independencia y romper España. En los años ochenta fue la autonomía; en los noventa, la autodeterminación con el pacto de Estella y con ETA a la vanguardia, tanto en el País Vasco como en aquella tregua parcial pactada con Carod-Rovira cuando era conseller en cap. Ahora, ha llegado la secesión, la materialización ilegal de una ruptura en la que siempre han estado instalados. O como decía Pujol, primero paciencia y luego independencia. Cuando se apela al diálogo con ellos, ésta es la única puerta de salida que están dispuestos a abrir, a pesar de las nerviosas y electoralistas respuestas de Miquel Iceta, Pedro Sánchez y la claridad con la que se expresan Podemos, la sombra que fue de Izquierda Unida y sus conglomerados mediáticos. La otra salida la dejó clarísimamente expuesta el Rey en su magnífico discurso. Respeto a la Constitución, a la legitimidad del marco jurídico que ampara e imperio de la Ley. En ella hay sitio para todos, espacio común para debatir y si se consiguen las mayorías necesarias, reformarla o transformarla de arriba abajo. Lo otro es el 'traperismo' político de Puigdemont, Junqueras, Ada Colau, Forcadell y demás líderes independentistas que han llevado a Cataluña a una situación límite. La mentira de los 900 heridos en las cargas y la utilización de una policía autonómica como 'guardia de corps' del independentismo es apenas un ensayo de lo que nos queda por ver,

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