Solidaridad y tergiversación

La crítica a una decisión judicial pierde legitimidad cuando se denomina 'presos políticos' a quienes ni Amnistía Internacional considera como tales

La multitudinaria manifestación que ayer recorrió calles céntricas de Barcelona tras una pancarta que rezaba 'Libertad presos políticos' fue la expresión de un sentir solidario hacia los presidentes de ANC y de Òmnium y hacia los consejeros cesados del gobierno de Puigdemont, y la exteriorización de una protesta sin medias tintas dirigida contra el Estado encarnado en la Fiscalía y en la jueza Carmen Lamela de la Audiencia Nacional. Pero por comprensible que sea que miles de ciudadanos se movilicen mostrando su contrariedad y su descontento, es obligación de los responsables políticos e institucionales, algunos de ellos presentes en la marcha, y de los propios encausados evitar el trazo grueso y la tergiversación en la narración de los hechos. La discrepancia o crítica a una querella presentada por el Ministerio Público o al auto dictado por una magistrada son lícitas, pero pierden legitimidad y crédito cuando se denomina 'presos políticos' a encausados que la propia Amnistía Internacional considera que no son 'de conciencia'. Por cuestionables que sean los autos de prisión provisional que pesan sobre los líderes independentistas y los consejeros de Puigdemont que no decidieron salir fuera de España, es evidente que no se encuentran en la cárcel por defender ideas secesionistas sino porque pudieron salirse de la legalidad y acabar vulnerándola al tratar de hacerlas efectivas. La práctica certeza que los encarcelados mostraron previamente a su ingreso en prisión sobre que esa sería la decisión de la Audiencia Nacional denotaba que su actuación había sido plenamente consciente de las consecuencias que les podía acarrear con arreglo a la Ley. Los mensajes que transmitieron ayer al término de la manifestación dejan claro que están atravesando una situación penosa, como lo es siempre la cárcel. Pero frente al relato ya manido de que el Estado se está mostrando vengativo, movido por deseos de humillar al independentismo y a las personas que lo han representado en los últimos años, los secesionistas encarcelados deberían preguntarse por qué su conducta política y su conducta procesal han sido tan propicios a tal desenlace. Basta comparar su actitud con el tono de desistimiento con el que se condujeron los miembros de la Mesa del Parlamento en todo aquello que las acusaciones habían calificado de ilegal para que hasta cada uno de los manifestantes de ayer se pregunte sobre si no pudieron haber hecho las cosas de otra manera.

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