SOBRE LA 'PACIFICACIÓN'

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

Logroño está decidida a convertirse en una ciudad para peatones y ciclistas, aunque su convivencia siga demostrándose muy difícil tal y como lo reflejan las llamadas que siguen llegando a El Teléfono del Lector de este diario. Pero, a lo que vamos. Lo que es evidente es que Logroño dejará de ser una ciudad para los coches: todas las actuaciones de reurbanización que se llevan realizando desde hace años para 'pacificar' diversas calles consisten en ampliar aceras a costa de eliminar aparcamientos. Lo que hace polvo a muchos residentes que no tienen en propiedad ni en alquiler una plaza de garaje.

Esa es la razón por la que muchos vecinos de Ramírez de Velasco y aledaños están que trinan, pues se hartan de dar vueltas y vueltas y más vueltas a las manzanas colindantes (Conde de Superunda, Beratúa, Gonzalo de Berceo...) en busca del santo grial: un espacio donde estacionar su vehículo. Debe existir, pero no lo encuentran.

Es lógico que el Ayuntamiento quiera dar calidad a la ciudad mejorando las vías de aceras angostas en las que no pueden cruzar a la vez un coche de bebé y una silla de ruedas. Pero, claro, ¿quién sale damnificado por ello? Pues los automovilistas, que se ven forzados, sí o sí, a tener que recurrir a los aparcamientos subterráneos.

Un gasto extraordinario que mucha gente que vive en esas zonas no puede asumir alegremente pues son barrios donde priman las rentas medias-bajas. Por muy económico que se pueda arrendar una plaza en un parking (las tarifas varían en función de los horarios de uso), este desembolso supone un sobrecoste mensual para las economías domésticas de 45, 50, 60, 75 euros... que antes no tenían que afrontar. Así de claro.

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