Siria, guerra pedagógica

El régimen de El-Asad liderará el periodo de pacificación, que vigilará su aliado ruso y que Washington asume

ENRIQUE VÁZQUEZ

Cuando, más pronto que tarde, las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) tomen Deir Ezzor, una ciudad de unos 300.000 habitantes -antes de que estallara el conflicto- en las orillas del río Éufrates, en Damasco, podrá decir el Gobierno sin mentir mucho que ha ganado la guerra contra la poliédrica coalición de sus adversarios. Esto es así porque ahora mismo, con el anuncio oficial de ayer de la conquista de Raqqa, el autoproclamado Estado Islámico -la expresión formal del terrorismo suní bajo la jefatura del pseudocalifa Abubaqr al-Bagdadií- no controla ni una población digna de tal nombre, su jefatura está en plena huida y el crucigrama sirio ha devenido una compleja, pero útil, coalición de hecho que refleja muy bien los intereses de cada uno de sus componentes.

En efecto, hay que anotar como un hecho central que la conquista de Raqqa ha sido obra de una coalición formada por kurdos sirios (que también los hay, y crecientemente activos) con las Fuerzas Democráticas Sirias, una amalgama de fuerzas técnicamente laicas que fue, mandada por algunos oficiales profesionales hace ya años, la punta de lanza de la insurrección contra el régimen alauí de la familia El-Asad y su régimen, formalmente baasista y, de hecho, personal, clánico y alauí. Todo esto, que pareció por un momento muy lógico en el marco de la sedicente primavera árabe, fue cambiando rápidamente por la buena y simple razón de que Moscú, en un alarde de coherencia estratégica en su relación con Siria desde hace 40 años, hizo saber que no permitiría el fin del régimen. Y lo ha conseguido.

Habría que preguntarse en qué momento se tomó tal decisión, pero con Vladímir Putin en el poder no debió ser ni difícil ni discutida: desde el gran arreglo Hafez al-Assad, padre del actual presidente, con Lionid Brieznev quedó establecido que la URSS de entonces, la Rusia de hoy, no cedería su garantizada salida al Mediterráneo que le proporciona su fuerte posición en Siria. Washington entendió en nombre del puro pragmatismo, que el régimen tenía, con la intervención rusa en su favor todas las de prevalecer.

Cada potencia regional va a obtener algo: los norteamericanos respaldan a sus agentes, los partidos liberal-demócraticos que se arropan tras las FDS, los kurdos se les han unido para emerger por fin como una fuerza política y armada de cierto peso que será difícil ignorar en la posguerra inminente, el potente ejército turco entra y sale en territorio sirio a su gusto en su zona fronteriza. Este poliedro, que ha puesto de manifiesto la condición multiconfesional y pluricultural de Siria, será el escenario de la deseable pacificación de la posguerra. Un periodo largo que entiende liderar el régimen de El-Asaad y que vigilará su padrino, socio, amigo y leal aliado ruso. Es evidente que Washington lo ha asumido. Realpolitik se llama esa conducta.

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