Setenta años entre el odio

Los palestinos recurren con frecuencia a la violencia y los israelíes responden desde su potente capacidad defensiva

DIEGO CARCEDO

Dentro de unas semanas, concretamente el 14 de mayo, el Estado de Israel cumple setenta años. Como no podía ser menos, los judíos lo celebraron por todo lo alto, pero no fue entonces un día de alegría plena ni su conmemoración va a serlo ahora. En estas siete décadas el pueblo judío consolidó el derecho a tener un territorio en el que asentarse y aprovechó muy bien el tiempo en transformarlo en un país próspero y desarrollado. Pero la independencia surgió lastrada por la violencia y el enfrentamiento con los vecinos con los que los habitantes del nuevo Estado, víctimas durante muchos siglos de la discriminación y la persecución, estaban predestinado a convivir. Tres grandes guerras que los israelíes ganaron no consiguieron que se impusiera la paz ni que tan dolorosas experiencias propiciasen un entendimiento.

La presión internacional y el pragmatismo logró que Israel estableciera frágiles relaciones diplomáticas con Egipto y Jordania pero no lograron que el entendimiento con quienes tienen que compartir la tierra, con los palestinos, se normalizase. Y es sorprendente porque se trata de dos pueblos inteligentes que renuncian al pragmatismo y se dejan dominar por la intransigencia a pesar de que ambos saben que su futuro les unirá siempre y que con su buena convivencia ambos tienen mucho que ganar. Pero ni los israelíes, un pueblo al que la experiencia hizo temeroso, quieren perder el escaso terreno que han conseguido ni los palestinos están dispuestos a compartirlo en igualdad de condiciones. Los palestinos recurren con frecuencia a la violencia y los israelíes responden desde su potente capacidad defensiva.

A veces de uno en uno en escaramuzas de todo tipo y a menudo con verdaderas matanzas -como la que se produjo la pasada semana en la Franja de Gaza-, la lista de víctimas crece año tras año. Los palestinos están divididos y enfrentados lo cual reduce su capacidad para reivindicar sus exigencias y dilapidan el tiempo en sus propias refriegas. Mientras el Gobieno de la ANP en Ramala intenta encontrar salidas, los extremistas de Hamas que controlan Gaza mantienen en alarma permanente a los judíos con sus bravatas,

Hay varios aspectos complicados para lograr la separación en dos estados como la capitalidad de Jerusalén, que ambos quieren, o la posibilidad de que los palestinos de la diáspora puedan volver, igual que hacen los judíos, a un territorio donde no cabe. Y hay discrepancias sobre límites, pero no pasan de ser problemas que una buena negociación podría resolver. El gran problema es la ausencia de buena voluntad y del ambiente de animadversión que se ha venido acumulando de generación en generación a lo largo de siete décadas; siete décadas que han cambiado al mundo, la ciencia, la tecnología, el mapa político, economía... Numerosos conflictos, en Indochina, Africa, los Balcanes, Corea o Irak, se han acabado resolviendo: en el del Próximo Oriente si el algo ha cambiado sólo es en la multiplicación del odio.

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