EL SERIAL

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

La decisión de aplazar el pleno de investidura, aparte de prolongar la agonía y sumirnos aún más en el tedio al resto de españoles saturados del tema de Cataluña, es una clara estrategia para ganar tiempo y meternos a Puigdemont hasta en la sopa. A muchos ya se nos ha hecho bola el expresident y las soflamas de los independentistas. Por ejemplo, decir, como ayer así lo hizo la diputada ERC en el Congreso, Ester Capella, que el Constitucional ha perdido el norte es una sandez como la copa de un pino y acusar al alto tribunal de bloquear el gobierno en Cataluña es una muestra más de que los independentistas viven en una realidad paralela, en la que el candidato a la presidencia y único obstáculo para que haya Gobierno en Cataluña les ha encandilado hasta la ceguera.

Nunca he entendido esa admiración y devoción, ni siquiera ese papel de abnegados sacrificados por la causa que parecen haber asumido Junqueras y el resto de consellers presos. Su papel se limita a mirar tras las rejas el nuevo episodio de la enésima temporada de la cuestión catalana, mientras aquel por quien se inmolan se pasea a sus anchas por las calles de Bruselas, se aloja en hoteles de cinco estrellas y, sobre todo, sigue disfrutando de su libertad, al menos hasta que ponga un pie en España.

Puigdemont debe renunciar, está obligado a poner fin al último capitulo de este interminable serial para dar paso a la democracia, a la democracia de verdad, para que gobiernen los independentistas en bloque, pero dentro de la ley, con el diálogo como punto número uno del orden del día en la mesa política, porque es obvio que en el juego de la aritmética parlamentaria suman mayoría y eso nadie lo duda.

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