'SENY' O MIEDO

CARMEN NEVOT

Les confieso que tras escuchar ayer a Puigdemont tuve que pensar durante unos segundos si la Policía debía entrar y esposar al president o si la CUP se lanzaría a la yugular de su socio en esta faena de la independencia. Pasados esos segundos, respiré algo aliviada porque el peor de los escenarios posibles, la DUI, la famosa Declaración Unilateral de Independencia, no se había dado, al menos como tal.

Puigdemont, como había hecho hasta entonces, jugó con las palabras, con el sí pero no, el tal vez y ya veremos, y se decantó por la ambigüedad de asumir el mandato «del pueblo de que Cataluña se convierta en estado independiente en forma de república» pero propone al Parlament que suspenda la declaración de independencia de Cataluña para que en las próximas semanas se pueda llegar «a una solución acordada».

Jugó, claro que jugó, posiblemente se movió entre el seny que cientos de miles de ciudadanos le reclamaron en las calles el domingo y el miedo a las consecuencias que una DUI podía tener para él y para el pueblo de Cataluña. Al parecer, el temor a la reacción de los antisistema de la CUP pesó menos en una decisión final que repensó y que incluso llevó a retrasar una hora su declaración en el Parlament.

¿Qué ocurrirá ahora? De momento es una incógnita. Lo único cierto es que la decisión, al menos, supone una prórroga para intentar acercar posiciones para el también manido 'Parlem' entre los dos gobiernos. Otra cuestión es si Puigdemont, el president que se ha saltado la legalidad y ha desobedecido todos y cada uno de los mandatos del Tribunal Constitucional, es un interlocutor válido en las futuras negociaciones o si su paso atrás le habilita para sentarse a la mesa.

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