SEGUNDA TEMPORADA

PIO GARCÍA LOCO POR INCORDIAR

Los seguidores de , una serie de televisión que echan obsesivamente en todas las cadenas, estamos esperando que empiece ya la segunda temporada. La primera terminó de una manera un poco rara. Según Marta Rovira, que a veces parece la novia de Sheldon Cooper y otras una forense psicópata a lo Dexter, aquello acabó en un baño de sangre, con los tanques bajando por la Diagonal, francotiradores apostados en los pináculos de la Sagrada Familia y miles de catalanes enterrados en las cunetas del Ampurdán. Las imágenes que sacan los telediarios (incluso los de TV3) parecen desmentir ese apocalipsis fulminante, salvo que las señoras que toman café en las Ramblas sean zombis tipo Walking Dead y estén urdiendo su venganza mientras se afilan los colmillos con los cuchillos de untar mermelada en el cruasán, que todo pudiera ser. A mí me gustaría que en esta segunda temporada cobrase mayor protagonismo Santi Vila, que al menos es guapo y sale con uno de Calahorra, con lo cosmopolita que queda eso. Santi Vila lucía entre los consellers del anterior Govern como Sean Connery entre los monjes de y quizá por eso se lo cargaron Forn, Rull, Turull y compañía. Dedicado fray Junqueras a la oración en el convento de Estremera, me temo que de nuevo el protagonismo recaerá en Puigdemont, actor tragicómico de indudable talento. Solo espero que alguien haya grabado la cara de terror que tuvo que poner el peluquero flamenco que vio entrar inopinadamente en su barbería a don Carles I el Exiliado con todo su séquito (cuatro exconsellers, seis mossos de vacaciones, un periodista de RAC1, otro de Le Soir, tres hackers rusos y un agente del CNI camuflado) blandiendo un papelito, escrito por su abogado, en el que ponía:

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