Segunda fase del 'brexit'

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la Unión, ya sin la representación británica en el cónclave, acordaron ayer, una vez constatado que existen «progresos suficientes» en el acuerdo sobre la ruptura entre el Reino Unido y la UE, pasar a la segunda fase del 'brexit', la de la negociación de las relaciones futuras entre ambas partes, que mantienen actualmente lazos que habría que preservar en lo posible. Bien entendido que, como reza el acuerdo ya logrado, «las negociaciones en la segunda fase solo pueden progresar si se respetan plenamente todos los compromisos adquiridos en la primera y se traducen fielmente a leyes lo más rápidamente posible». Las partes son conscientes de las dificultades que habrá que vencer, entre ellas la de lograr una separación entre las dos Irlandas sin erigir una verdadera frontera física. Pero de la misma manera que Rajoy manifestó ayer que «España quiere tener la mejor relación posible con el Reino Unido» tras la separación, parece lógico pensar que este deseo es general y mutuo. A fin de cuentas, el Reino Unido abandona el club comunitario pero sigue siendo una parcela de la vieja y profunda Europa. El Tratado con Canadá, el CETA, puede servir de modelo a un nuevo marco de relaciones que debe servir para minimizar el daño causado por una decisión absurda que ya no tiene remedio y que ha de servir de antídoto contra el populismo.

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