SANTA SEMANA

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

A uno no dejan de admirarle los demás. Quizá es porque, al trabajar en esto de las noticias, uno desayuna demasiadas raciones de gente cruel, malvada o simplemente estúpida. Así que al final se corre el riesgo de pensar que todo el mundo está hecho así, a base de maldad y tontería.

Pero resulta que no. No puedo defender que todo el mundo sea güeno, pero sí que el porcentaje de hijosdeputa está claramente sobrevalorado. Y que uno se encuentra fácilmente a mucha gente dispuesta a casi-heroicidades que contradicen los mantras habituales. Ya saben, ésos que dicen que nos movemos por egoísmo, por individualismo y por el ciego interés de la pela.

Fíjense ustedes en Semana Santa. No, no hace falta que me sean religiosos. Simplemente tengan en cuenta que en una ciudad como Logroño salen a la calle una quincena de procesiones, organizadas por una docena mal contada de cofradías. Que, al final, son varios cientos de personas que están ahí simplemente por el gusto de estar. Algunos han pasado frío sin cuento este invierno en parques y descampados del extrarradio, exiliados para no molestar. Otros se dejan la espalda bajo un paso de una tonelada que se bambolea durante horas. Y otros simplemente han dejado horas de su vida y de sus familias para que todo eso fuera posible, para quedar en la retina y en el corazón de la gente durante un fugaz momento de una semana demasiado corta.

No, repito, no hace falta que sean ustedes religiosos. Pero no me negarán que ver cómo todo ese montón de personas da sin recibir es como para estar al menos un pelo admirado. Y hasta orgulloso de sus vecinos. Olé.

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