Sánchez debe sacar cabeza

Insiste en emerger tras las miserias del PP, la terquedad del independentismo y el desmadeje de Podemos

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

Alcanzó lo imposible. Meses después de ser decapitado como secretario general del PSOE, Pedro Sánchez reanudó la marcha para recuperar el cargo. Y lo consiguió. El reelegido fue apoyado por militantes hartos de luchas cainitas, que tenían las esperanzas puestas en que con Pedro volverían a ganar el futuro. Su victoria fue indiscutible en todas las Autonomías a excepción de Andalucía y País Vasco.

Ocurrió en mayo de 2017. En estos meses, el Partido Socialista ha mejorado sus expectativas de voto, pero no logra sacar cabeza. La crisis en Cataluña, primero. Su apoyo subalterno al partido del Gobierno para aplicar el artículo 155 de la Constitución en la esfumada república catalana. Las evidencias de que la financiación del PP era un gran escándalo. La exitosa política de comunicación de la Moncloa. La recuperación económica, excluyente pero real, ocupa ahora el centro de la escena.

Fue una buena apuesta de Sánchez, la de constituir una comisión parlamentaria para evaluar y modificar el Estado de las autonomías, como paso previo a la reforma de la Constitución. Pero no está consolidada. La resistencia del PP a seguir en un intento que no le interesa, la mala conciencia de los independentistas catalanes que rechazan cualquier compañía que defienda el Estado de las autonomías, y el cauteloso PNV que todavía está muy lejos de decidir si apoya o no los presupuestos de 2018, enrarecen el clima reformador.

Presidida por José Enrique Serrano, solvente diputado socialista, esa comisión cuenta con la colaboración «escéptica» de Ciudadanos. Las siguientes duchas, las dieron, esta vez con agua templada, los tres padres vivos de la Constitución, Miquel Roca, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez Llorca. Solamente las funciones del Senado «que no reflejan la distribución territorial» fueron criticadas por Roca.

Como dar protagonismo a la militancia fue un éxito, Sánchez profundiza en esa estrategia. Convencido de que sus bases influyen en amplios círculos concéntricos, ha vuelto a la carretera. Celebra lo que su partido llama asambleas abiertas, en donde sus propuestas para resolver el tema de las pensiones resultan estelares. Las discrepancias entre los teóricos de su partido quedan para más tarde. Ni que decir tiene, que el compromiso de consultar a los militantes los acuerdos de gobierno que pueda alcanzar (al modo de la socialdemocracia alemana) provoca entusiasmo.

Así, el secretario general del PSOE insiste en sacar cabeza en el horizonte que hay tras las miserias del PP, la terquedad del independentismo catalán y el desmadeje de Podemos. Pretende convertirse en el referente de una izquierda responsable y capaz de provocar fuertes jaquecas a Ciudadanos. ¿Lo conseguirá?

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos