No hay salud sin salud mental

«Hay que reducir el estigma asociado a los problemas de salud mental y fomentar una mayor concienciación social. Esto pasa por la involucración y coordinación de todo el conjunto de la sociedad»

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un estado de bienestar en el que la persona es consciente de sus propias capacidades y las desarrolla, es capaz de expresar sentimientos, de mantener relaciones interpersonales positivas, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. No implica únicamente la ausencia de enfermedad sino que requiere un crecimiento y desarrollo personal asociado a una vida autónoma e independiente satisfactoria. La salud mental y el bienestar emocional son ingredientes esenciales en la vida de las personas. Una adecuada salud mental lleva nuestra a vida a buen puerto. Sin salud mental no hay salud.

Un porcentaje considerable de adolescentes presentarán a lo largo de su vida dificultades en el ajuste psicológico. Según la OMS y diferentes estudios científicos, la depresión y el suicidio se encuentran entre los problemas más prevalentes entre los 15 y los 24 años. Al mismo tiempo, las dificultades en el ajuste emocional y comportamental en jóvenes tienen un importante impacto no sólo en el propio individuo sino también en el entorno familiar, escolar y comunitario, además del costo asociado (p. ej., sanitario, laboral, etc.). Los problemas y dificultades en el ajuste socio-emocional de nuestros niños y adolescentes es una cuestión fundamental a tratar pues no sólo tiene claras repercusiones en la sociedad actual sino también en las ulteriores generaciones. Los jóvenes son nuestro principal capital.

Una de las líneas prioritarias de actuación dentro de los planes de salud regionales y estatales es la promoción del bienestar emocional y la prevención de los problemas de salud mental de los más jóvenes. Para lo cual es necesario conocer el estado real de la situación con el fin de poder llevar a cabo programas de promoción y estrategias de prevención de los problemas mentales con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general.

En La Rioja se han llevado a cabo pocos estudios empíricos en este sentido. Por eso, en 2016 llevamos a cabo en la Universidad de La Rioja un estudio -financiado con una Beca Leonardo para Investigadores y Creadores Culturales de la Fundación BBVA-, en colaboración con las consejerías de Salud y Educación y Empleo del Gobierno de La Rioja. El objetivo era analizar el bienestar emocional percibido, así como las dificultades en el ajuste emocional y comportamental de los adolescentes riojanos; y, a partir de los resultados, diseñar programas de promoción del bienestar emocional y realizar una gestión más eficaz de los recursos educativos, sanitarios y sociales. De hecho, las conclusiones del estudio forman parte del III Plan Regional Riojano de Salud Mental (2016-2020).

El estudio muestra que un 71,9% de los adolescentes refirieron niveles elevados de bienestar emocional (p.ej., satisfacción con la vida en general), siendo adecuado en más del 90%; por el contrario, el 7,7% manifestó riesgo de mala salud mental. Las mujeres mostraron mayores dificultades de tipo emocional y un mejor comportamiento prosocial respecto a los hombres. Estos manifestaron mayores dificultades de tipo comportamental respecto a las mujeres. Un 2,2% presentó un riesgo elevado de ideación suicida, mientras que el 5,6% de los adolescentes percibió acoso escolar en su centro varias veces a la semana. A medida que aumentaba el bienestar emocional de los adolescentes, disminuían las dificultades emocionales y comportamentales y mejoraba el rendimiento académico. En conjunto, las tasas de prevalencia parecen ser ligeramente inferiores a la media nacional.

Este es el primer estudio de tipo empírico que ofrece una foto fija sobre el estado de la salud mental de nuestros jóvenes. A partir de los resultados sería interesante destinar recursos para promocionar el bienestar emocional y potenciar un desarrollo positivo, particularmente, de nuestros jóvenes. Por ejemplo, se deberían implementar programas para la promoción del bienestar emocional, a través de la educación e inteligencia emocional, en los centros educativos, asociaciones, institutos de la juventud y otros entes. El desarrollo integral de nuestros jóvenes no sólo se refiere al 'saber conocer' o al 'saber hacer' sino también al 'saber ser' (con uno mismo) y al 'saber convivir' (con los demás). No nos engañemos, el intelecto no es lo más importante. Un desarrollo positivo pasa por trabajar conjuntamente las esferas personal, emocional, cognitiva, moral y social a lo largo de toda la vida. Al mismo tiempo, hay que reducir el estigma asociado a los problemas de salud mental y fomentar una mayor concienciación social. Obviamente, esto pasa por una involucración y coordinación de todo el conjunto de la sociedad. La corresponsabilidad es un concepto clave aquí. Sí, corresponsabilidad. Queramos o no, todos somos responsables. Estas medidas, entre otras, mejorarán sin lugar a dudas la calidad de vida de la población riojana presente y futura. Como se puede advertir la cuestión no es baladí. Seamos claros: no hay salud sin salud mental.

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