LA RODILLA DEL REY

MANUEL ALCÁNTARA

La excarcelación del expresident catalán, Carles Puigdemont, ha disgustado al Gobierno, que hace mucho tiempo que no gana para disgustos. La ministra de Justicia alemana ha dicho que la decisión de liberar al expresidente catalán es absolutamente correcta, pero el Gobierno español no opina lo mismo y su opinión es la que vale. Se trata de evitar la internacionalización del asunto, pero ya todos los asuntos son internacionales. Incluso el llamado incidente de Palma, que más que un incidente fue un síntoma. La operación de la rotula real ha sido un éxito, precedido por otros, pero nunca por el definitivo. Mientras, la justicia alemana ha respaldado la excarcelación del invicto Puigdemont, que continúa poniendo imposible las cosas que eran difíciles.

El Ejecutivo aspira a reducir el gasto público hasta el 38% del PIB, pero eso supondría alejar a España, que seguimos diciendo que es un gran país, de los grandes países de la Unión Europea. Por fortuna, todas las últimas operaciones de su majestad dimisionaria han resultado un éxito, ya que las prótesis temporales, si se tiene un poco de paciencia, se vuelven definitivas. Únicamente Podemos experimenta una subida y ya le pisa los talones bancarios al PSOE. Cuando se habla del gasto público se nos está aludiendo a cada uno de nosotros, no a una abstracción, ni a un ente de ficciones continuadas, pero seguimos hablando del llamado incidente de Palma y de los dos modelos de entender la monarquía. El denominado rifirrafe fue un ensayo general con casi todo y el Gobierno sigue apostando por un Estado de bienestar que no se divisa ni en lontananza. Creer en lo que jamás veremos. En eso consiste la fe. Afortunados quienes la tienen y quienes los que nunca la han repartido.

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