Rodeo secesionista

Aunque la renuncia a la unilateralidad por Puigdemont y Junqueras sea una buena noticia, falta que reconozcan sus excesos

La candidatura en la que Carles Puigdemont ha subsumido al PDeCAT -Junts per Catalunya- y el partido que lidera Oriol Junqueras -ERC- negocian puntos comunes en sus programas electorales; entre ellos, una renuncia a la vía unilateral hacia la independencia, aunque los postulados que esgrimen insisten en reivindicar el acierto de su fallida apuesta sin asomo de autocrítica. Parece coherente que ambas formaciones demanden, como lo hacen, la libertad para los 'Jordis' y los exconsejeros encarcelados; y que exijan el esclarecimiento de las actuaciones policiales el 1 de octubre. Pero la retirada del 155 que reclaman dependerá, inevitablemente, de que las instituciones resultantes del 21-D asuman la legalidad vigente. La retirada de los recursos de inconstitucionalidad presentados sólo podría responder a la constatación de ese hecho. Conviene recordar que quienes no respetaron los resultados de las autonómicas de 2015 fueron los responsables del independentismo gobernante, que desdeñaron la pluralidad del Parlamento y en ningún momento aceptaron que no contaban ni con la mitad del voto directo de los catalanes. Emplazar a la UE a que vele por los derechos de los catalanes remite, indefectiblemente, a la aplicación de la normativa constitucional. Incluir en el nuevo programa independentista el compromiso de hacer frente a la «campaña» del Gobierno central contra la economía catalana revela hasta qué punto los responsables cesados de la Generalitat se resisten a admitir sus desvaríos al respecto. La defensa programática de la 'escuela catalana', como si se tratase de una entidad unívoca objeto de alguna amenaza exterior a sus presupuestos y a sus programas pedagógicos, traslada el victimismo hacia uno de los ámbitos más sensibles de cualquier sociedad abierta. Es buena noticia que el independentismo de vocación institucional renuncie a la unilateralidad, aunque sea por pragmatismo. Pero no lo es tanto que se obstine en mantener candente su ánimo secesionista y obvie, por ejemplo, que fiscales y jueces tan catalanes como los demás miembros de la comunidad están siendo objeto de acosos intolerables en el ámbito de su vida privada. No basta con renunciar a la unilateralidad, habida cuenta de sus consecuencias. Es necesario que el soberanismo independentista rebaje el tono general de su relato, y asuma siquiera que se ha pasado en su engreimiento y en la proyección de un futuro inmediato absolutamente irreal.

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