El retrato de 'La Manada'

El juicio por la presunta violación en los sanfermines saca a flote la 'cosificación' de las mujeres que persiste en pleno siglo XXI

El juicio más mediático de los últimos años quedó ayer visto para sentencia. Los cinco acusados de la presunta violación grupal a una joven en los sanfermines del pasado año cerraron la vista oral con un previsible alegato en el que proclamaron su inocencia y lanzaron una demanda: «Que se haga justicia». Justicia exige una sociedad conmocionada por el salvajismo de la agresión sexual denunciada, el estremecedor relato de la víctima, las escalofriantes conclusiones de la Fiscalía y algunos de los testimonios presentados en el Tribunal Superior de Navarra. Los hechos que se juzgan y todo el ruido generado a su alrededor completan un cóctel repleto de episodios repugnantes que han sacado a la luz la cara más negra del machismo. Actitudes y pronunciamientos que reflejan -sin que sus autores intenten casi ni ocultarlo- el poso de una intolerable forma de entender la vida según la cual las mujeres son seres 'cosificados' y deben estar sometidas a los hombres, subordinarse a ellos y satisfacer todos sus deseos. Esa concepción del mundo, tan alejada de la igualdad de derechos y la libertad más elementales, persiste en sectores cada vez más minoritarios. Y subyace en algunos comportamientos que han causado lógica indignación antes y durante el juicio. La decisión de los acusados de grabar en vídeo las relaciones sexuales en grupo que mantuvieron con la joven en un portal de Pamplona -al margen de que fueran «consentidas», como sostienen, o no- y difundirlas por las redes sociales para exhibir su 'hazaña' y pavonearse de ella les retrata por completo. Y como algo mucho peor que unos simples «patanes infantiloides, básicos, primarios», las palabras con las que les definió uno de sus abogados en alusión a las conversaciones entre ellos que figuran en el sumario. Diga lo que diga la sentencia. El tribunal deberá determinar si la joven denunciante fue víctima de la espeluznante violación conjunta y organizada que narró ella misma, y que corroboró la Fiscalía con «pruebas contundentes», o, como esgrimieron ayer las defensas, se arrepintió tras cumplir una supuesta «fantasía sexual» con cinco chicos a los que acababa de conocer. La comprensible alarma social provocada por este caso convierte una demanda elemental en todo un clamor: que se haga justicia.

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