Un reto para Barcelona

Barcelona tiene desde ayer, día de la inauguración de Mobile World Congress, una gran oportunidad para defender su buena reputación ante el mundo, que la observa con atención después de que más de 3.000 empresas abandonaran Cataluña con ocasión del golpe de mano secesionista. Por ello es difícil de entender que la alcaldesa de la ciudad y el presidente del Parlamento autonómico hayan sembrado la polémica con su decisión de no recibir al jefe del Estado. De momento, el evento ha comenzado con normalidad, y cabe por tanto esperar que se hagan realidad las previsiones que anuncian un beneficio de 471 millones de euros y 13.000 empleos durante la semana. Desde 2005, año en que el MWC abandonó Cannes y recaló en Barcelona, el acontecimiento ha crecido al mismo ritmo que la telefonía, y los 40.000 asistentes de entonces son ya más de 100.000. La permanencia del congreso en la ciudad pone a Barcelona en el mapa de la globalización y debería ser un valor muy cuidado. La capital de Cataluña responderá sin duda a las expectativas de calidad, por lo que en principio debería cumplirse con normalidad el contrato que la liga al MBC hasta 2023. Por más que haya que recordar que hace pocos días el presidente de la patronal de los móviles, John Hoffman, sólo reclamó un elemento para confirmar su compromiso: «Estabilidad». No deberían jugar con fuego los soberanistas.

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