Responsabilidad institucional

Los desaires al Rey en el Mobile demuestran que una parte de la Cataluña oficial ha perdido el sentido del interés común

La inauguración del Mobile World Congress (MWC), con la presencia del Rey, llevó al presidente del Parlamento catalán, a la alcaldesa de Barcelona y a altos cargos de la Generalitat a no asistir al recibimiento de Felipe VI. En el caso de Roger Torrent, también a no acompañarle en el recorrido de apertura de un evento en el que participan 108.000 profesionales de las tecnologías de la información y que dejará 471 millones de euros en Cataluña. Ada Colau dijo que no «rendía pleitesía» al Monarca y, al parecer, le transmitió su disconformidad con su discurso del 3 de octubre, mientras el jefe del Estado le recordaba que su función es defender la Constitución y el Estatut. Todo ello, al tiempo que manifestaciones a favor y en contra del Rey se sucedían en Barcelona. El episodio demuestra hasta qué punto una parte de la Cataluña oficial ha perdido el sentido del interés común por efecto del secesionismo y por las actuaciones judiciales frente al desbordamiento de la ley. Demuestra hasta qué punto los objetivos particulares del soberanismo prevalecen en la actuación de los partidos y sus dirigentes cuando los encarnan por encima de sus obligaciones institucionales. Basta preguntarse quién ha salido ganando con los desplantes hacia Felipe VI y quién ha salido perdiendo para concluir que ni los protagonistas del desaire pueden sentirse satisfechos de haber contribuido a proyectar una imagen de desencuentro e inestabilidad. Afortunadamente, el desarrollo de esta edición del congreso ha dejado lo ocurrido en un asunto doméstico. Pero una situación así puede convertirse en argumento añadido para que eventos e inversiones vayan a otra parte. Ni las discrepancias con el 155, ni el descontento por los independentistas en prisión, ni el recuerdo del 1-O ni los reclamos de Puigdemont pueden ser causa para perturbar la normalidad institucional resultante de la aplicación de la ley. No se trata solo de restablecer y fomentar una imagen atractiva de Cataluña por el bien de su economía, del empleo y el bienestar. Es necesario que los responsables institucionales antepongan su papel de representación a la expresión de sus ideas o críticas; máxime, cuando se trata de proyectos compartidos como el MWC. Porque esa ha de ser su aportación básica a la convivencia en una sociedad plural y abierta.

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