Reformar el IVA

La consagración de una horquilla más abierta para el IVA corre el riesgo de 'desarmonizar' fiscalmente a la UE

La propuesta de la Comisión Europea de revisar las normas comunitarias sobre el IVA, concediendo a los distintos países libertad para fijar hasta tres tipos reducidos e incluso un tipo del 0% siempre que la media ponderada de sus tipos sea superior al 12%, constituye una medida salomónica que los Estados deberían concertar con más precisión y, en caso de que se aplique, administrar con la máxima sensatez. La propia naturaleza del impuesto dificulta predecir los efectos de posibles subidas y bajadas en la relación entre el comportamiento del consumo y su reflejo en la recaudación. Por eso mismo no parece aconsejable que Bruselas fomente una interpretación tan alejada de la armonización fiscal como la que permitiría a cada país miembro de la UE modular los tipos del IVA en razón de su respectiva coyuntura económica, que es tanto como decir su inclinación política o partidaria. La iniciativa parece contradecirse con las insistentes recomendaciones dirigidas a España para que nuestro país incremente los ingresos vía IVA. Aunque el problema más importante que presenta es la eventualidad de que un debate tan abierto pudiera propiciar líneas de actuación más divergentes que las que ha venido dibujando el mosaico del IVA entre los socios europeos. De entrada, el establecimiento de una media ponderada mínima del 12% para los distintos tipos no asegura que la diversidad impositiva deje de tener efectos adversos en cuanto a la competencia fiscal entre los países de la Unión, ni mucho menos. Por otra parte, la propia apertura del debate traslada la discusión al seno de cada uno de los socios; de manera que el IVA podría convertirse -de nuevo en nuestro caso- en un tema de confrontación partidaria, fetichizado y muy alejado de un contraste racional de pareceres. Todo lo que de democrático pueda comportar la consagración del debate como un asunto nacional conlleva, sin duda, ese riesgo. Por último, el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, hizo pública ayer una propuesta que, en tanto requiere para su aprobación la unanimidad de los Estados miembros, podría acabar siendo fijada como una referencia de mínimos tan laxa que acabase 'desarmonizando' la Europa de la Unión. A los socios de la UE corresponde ahora evitarlo.

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