Reflexiones sobre un cristal oscuro

RICARDO ROMANOS

Pues no sé, espejito mágico, estoy muy confuso, tú me dirás. Creo haber leído en alguna parte que don Otto von Bismark, aquel principesco canciller decimonónico unificador de Alemania, admiraba profundamente a España porque, decía, sus habitantes llevaban siglos empeñados en descuartizarla y no lo habían conseguido. Claro que, cuando lo dijo, faltaba medio siglo para que nos llegara Franco, que nos la dejó hecha unos zorros durante otro medio. O bastante más. Franco, Franco, Franco. Hace una semana, espejito, se cumplieron 42 años de su ida de este mundo, pero parece que fue ayer, porque lo están volviendo a poner de moda, asoma hasta en la sopa. Los jovenzanos que van de izquierdosillos lo tienen todo el día en la boca, que ya son ganas. A la que te descuidas, te lo endosan: ¡franquista, fascista! Y no entres en los tuiteos, nadie se salva. Con lo de la república democrática de Catalonia el desparrame ha sido glorioso. Tanto que algunos pazguatos de allende y aquende los mares se han creído a pies juntillas que todavía seguimos viviendo en aquella autarquía franquista. Y no, gilipollas, ¿o es que no viajamos, mamones? ¿Que quedan restos? Sí. Montoncillos. Como en todas partes. ¿Que aquí más? Pudiera ser, no vamos a negarlo, espejito mío. ¿Que se ha hecho muy poco desde aquel lejano 20-N de 1975 para quitarnos de encima esa plasta? Pues también. Según algunos que todavía ostentan el culo en el sillón, en la dictadura aquella vivíamos tiempos de extraordinaria placidez, aquí también tenemos mamones. Y calles con sus plaquitas repletas de franquistas, fascistas, golpistas y genocidas. Para algunos, quitar de la vista esa porquería significa «remover el pasado», caca nene, eso no se toca. Y ahí están y estarán mientras la derecha que se dice constitucional no condene sin paliativos aquel espanto miserable. Y no lo quiere condenar: a ver, PP, PSOE, Ciudadanos. Así que, hasta que a nuestros bachilleres y universitarios no se les enseñe la Historia de España sin velos cobardes o cogiéndosela con un papel de fumar, los nacionalismos españolistas y los periféricos seguirán a lo suyo: ocultar y engañar. El otro día, espejito, en un programa televisivo salieron a la calle a preguntar por el Patas Cortas a nuestro divino tesoro. A un mancebo desnortado total le preguntaron que de qué partido era la Culona y contestó que del anarquista, aunque luego reconoció poniendo cara de querube que no andaba muy puesto en política. Ya. Otros, la mayoría, decían que a estudiar el siglo XX no llegaban, pues harto tenían con llegar a los Reyes Católicos. Y los más ni zorra idea. ¿Y por qué no se llega al sigo XX? Para no marear a las perdices ni a las consellerías de educasió de nuestras taifas con cupo. Es un suponer. ¿O serán, también, cosas del «franquismo sociológico», ese temeroso eufemismo que viene persiguiendo a los partidos gobernantes desde el complaciente y amnistiado 1978? No te calles, oscuro espejo, mírame, contéstame. Aquí se empura inmediatamente con un año de cárcel e inhabilitación profesional a una joven por contar un chiste sobre un almirante volandero, pero se trata con guante de seda, cuidado, cuidado con los protocolos, a unos guardias de la porra madrileños neonazis que chateaban bárbaros disparates contra su alcaldesa, inmigrantes, periodistas, presentadoras de televisión y políticos de izquierda con nombres y apellidos. Comunicación particular, libertad de expresión, dice un sindicato. Mas quien los denunció, un munipa de ley y orden, está amenazado de muerte. ¿Será, espejo mío, que hay delitos de odio y odios delictivos menos odiosos? El pasado día 20, ominosa fecha, no hubo ciudad en Celtiberia donde no se celebrasen misas por el alma de la Momia y actos de exaltación franquista autorizados por las sus autoridades. A demócratas no nos gana nadie: ahí está la cruz, pero qué cruz, del famoso Valle. El mayor monumento al fascismo del universo. Para demostrarle al mundo, oh espejo mío, que el Patas Cortas no dio un golpe de Estado y que hizo por la democracia española mucho más que los que se manifiestan pidiendo la ilegalización de la Fundación Francisco Franco. Así lo manifestó el otro día en laSexta su presidente, un individuo que atiende por Jaime Alonso. Sin pelos en la lengua, sí señor. Y dime, espejo, ¿devolverá la familia del Faraón las imágenes que se llevó del Pórtico de la Gloria santiagueño? Pues tampoco. Te cierro, maligno y mudo cristal. Ya me dirás cuando te convenga. ¿Cómo? ¿Fascista yo? Tus muertos, majadero.

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