Rectificar a medias

Resulta incomprensible que los máximos cargos de la Generalitat se cegaran en el incumplimiento de la legalidad vigente

Los escritos dirigidos por Oriol Junqueras y Forn a la Audiencia Nacional, indicando el primero que nunca hizo nada para incumplir el 155 y acatando el segundo su aplicación, se sumaron ayer a la petición de libertad transmitida la víspera por los consejeros cesados Turull y Rull. La causa que se sigue contra ellos nada tiene que ver con la aceptación o no del artículo de la Constitución que llevó al Senado a habilitar al Gobierno central para hacerse cargo de las responsabilidades ejecutivas de la Generalitat. Su investigación judicial y la prisión preventiva respondieron a la comisión de posibles delitos -de rebelión, sedición, malversación, desobediencia y prevaricación- en el ejercicio de sus funciones como integrantes del Ejecutivo autonómico. Pero es evidente que la asunción expresa o implícita del 155 representa para los encarcelados la declaración más elocuente de su compromiso de no continuar desarrollando las actuaciones supuestamente delictivas y de no tratar de sustraerse a la acción de la Justicia, que en el caso de Forn quedó atestiguado con su regreso de Bélgica. Resulta incomprensible que los máximos cargos de la Generalitat se cegaran en el incumplimiento de la legalidad vigente, cuando sabían que no les conduciría a nada. Lo inadmisible ahora es que la pugna intestina en el seno del independentismo, entre Puigdemont y Junqueras, adquiera apariencias que van desde el desistimiento hasta la sobrerrepresentación pública, trasladando a las instituciones y a la sociedad la responsabilidad de solventar situaciones que no han sido capaces de afrontar. El obsceno recurso al autoexilio, en una búsqueda infructuosa de apoyos internacionales, y la rectificación en la estrategia de defensa -como si no tuviera connotaciones políticas- deben ser objeto del juicio electoral que merecen sus protagonistas.

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