RECELOS

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

La semana pasada este diario se hacía eco de una sentencia de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja que básicamente daba la razón a una madre que quería que sus dos hijos recibieran clases de islam en su centro escolar. La controvertida sentencia no es baladí, además de ser un revés para la Consejería de Educación, cae en un momento en el que la comunidad musulmana siente la desconfianza de muchos de sus convecinos. Miradas de reojo, recelos e incluso temor. Los atroces atentados en nombre de Alá han despertado una serie de sentimientos políticamente incorrectos, pero humanamente comprensibles, y los esfuerzos de los musulmanes por hacer ver que ese no es el verdadero islam no han calado entre todos igual.

Ahora bien, aunque la sentencia discurra en la línea opuesta a la de las voces que cada vez claman con más fuerza por una educación laica y por sacar los crucifijos de las aulas, el juez no ha hecho más que aplicar la ley. En este caso su decisión se ajusta al acuerdo de cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España por el que se garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que lo soliciten el derecho de los primeros a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros, siempre que se den una serie de condiciones, que sí se cumplen este caso, como, por ejemplo, que el número de alumnos que piden esta asignatura en el centro en cuestión supere la ratio exigida para mantenerla. De ahí que la obligación de impartir islam en las aulas de La Rioja no sea una decisión a la discrecionalidad del juez, sino un asunto que en su día ya se previó, para bien o para mal, en 1992, con Felipe González en el Gobierno.

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