Rancio machismo

El juicio por la presunta violación a una joven en los Sanfermines del pasado año por parte de cinco hombres que se hacen llamar 'La Manada' ha revivido la comprensible repugnancia e indignación popular que desataron los hechos. Una reacción tan lógica como la repulsa que han merecido algunos de los argumentos esgrimidos por las defensas de los acusados. Intentar desacreditar o humillar a la víctima de una agresión sexual tan brutal con retazos aislados de su vida privada es una línea roja que no se debe traspasar. Resulta inadmisible construir un alegato exculpatorio con los movimientos de la joven en los días previos y posteriores a la agresión -investigados por detectives privados- o comentarios difundidos en las redes sociales. Como si los comportamientos de la víctima, fuesen cuales fuesen, pudieran justificar una agresión. Los vídeos que grabaron los acusados fueron visionados ayer en la Audiencia de Pamplona. Policías forales confirmaron que las grabaciones demuestran que la chica no opuso resistencia dada la superioridad numérica y física de los procesados, lo que le hizo entrar en shock. Los letrados de los encausados sostuvieron, por contra, que las relaciones sexuales fueron consentidas. Las defensas tienen todo el derecho a cuestionar la versión de la víctima, las pruebas que se esgriman y el testimonio de peritos y testigos. Pero no pueden confundir la presunción de inocencia que el Estado de derecho garantiza a sus clientes con la pretendida creación de un mundo al revés. Parece increíble que haya que recordar que a quienes se juzga es a sus patrocinados. Es modo alguno se juzga a una joven que ha denunciado una violación.

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