Rajoy salva el testigo

La declaración del presidente del Gobierno no varía la situación política aunque el PP no debe concluir que ha sido intrascendente

La comparecencia del presidente Mariano Rajoy como testigo ante la Audiencia Nacional dio a la acusación popular del juicio por la primera etapa de Gürtel y a la Fiscalía la oportunidad de formular un gran número de preguntas, sin que ello sirviera para revelar detalles u ofrecer versiones novedosas sobre la trama o las implicaciones del PP. El argumento principal de Rajoy, de que él siempre se limitó al desempeño de responsabilidades políticas sin tener conocimiento alguno de la gestión económica del partido, fue suficiente para sortear el interrogatorio, aunque las dos horas de preguntas y respuestas supusieran un repaso público sobre conductas de las que fueron protagonistas dirigentes populares y que han situado al PP como acusado a título lucrativo de una trama de corrupción. A pesar de lo cual Rajoy logró acercarse a su objetivo de poner en cuestión la pertinencia de su comparecencia en el juicio. El presidente del Gobierno pudo haber relatado los hechos de los que fue protagonista o testigo entre 1999 y 2005, y reiterar su desconocimiento sobre otros que forman parte del sumario en juicio, en términos menos despreocupados respecto a las finanzas del PP, en cuya Ejecutiva se mantiene desde 1986. Porque su descripción del primer partido del país como una organización en la que las responsabilidades políticas están disociadas de la economía de la formación, siendo sus cuentas supervisadas formalmente por una dirección que nunca debatió los presupuestos ni las liquidaciones anuales, resulta cuando menos preocupante. El testimonio de Rajoy respondió a lo previsible. Aunque es posible que los partidos de la oposición esperaran algún golpe de suerte con efectos políticos. Es lo que explicaría la intervención ayer del secretario general socialista, Pedro Sánchez, demandando la dimisión del presidente, como si en la Audiencia Nacional hubiese ocurrido algo distinto a lo que en realidad pasó. Haría mal el PP en concluir que la comparecencia de su presidente como testigo en este primer juicio sobre la Gürtel ha resultado inocua o intrascendente. Pero los partidos de la oposición están obligados a afrontar lo que resta de legislatura descontando de sus cálculos que la comparecencia de Rajoy haya variado la situación política.

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