Rajoy frente a Rivera

El último barómetro del CIS refleja que las posibilidades de alternancia política se dirimen hoy en el seno del centro-derecha

El barómetro del CIS de abril refleja una intención de voto para las próximas elecciones generales que suscita una lectura ambivalente. El sondeo señala que el PP seguiría siendo la primera fuerza parlamentaria, lo que habrá tranquilizado a sus dirigentes, porque temían algo peor. Pero al mismo tiempo revela que el partido en el Gobierno continúa en declive, como efecto de los casos de corrupción e irregularidades que se le han acumulado, y de que la recuperación económica no llega a trasladarse al conjunto de la sociedad. El ascenso de Ciudadanos, con la crisis catalana como trampolín inicial, se desarrolla a cuenta de los votantes que dan la espalda al PP. Sería aventurado concluir qué parte de ese fenómeno se debe a la pérdida de atractivo y credibilidad de la opción 'popular', y cuál responde a las expectativas generadas por la formación de Albert Rivera. Pero es evidente que las posibilidades de alternancia política se dirimen hoy en el seno del centro-derecha. A pesar de que la suma PP-Ciudadanos permanece inalterable, las expectativas de una alternativa netamente de izquierdas o de centro-izquierda se ven dificultadas por la segmentación del resto del panorama partidario y, especialmente, porque el PSOE ha pasado del segundo al tercer puesto del ranking demoscópico. El incremento relativo de las opciones periféricas en el barómetro del CIS advierte también del alejamiento ciudadano respecto a las formaciones nacionales. La imagen demoscópica que se hizo pública ayer es, a la vez, reflejo de la respuesta ciudadana a la oferta partidaria actual y motivo para que las distintas formaciones reaccionen ante la doble liza de las locales y autonómicas de 2019 y las generales de 2020. No sería sorprendente que el partido de Rajoy actuara frente a los resultados del barómetro confiando en mantener su primera posición sin empeñarse en nada más que la tramitación de los Presupuestos de 2018. Mientras, las izquierdas -PSOE, Podemos y las periféricas- sienten que se postergan sus oportunidades. Todo cuando las posibilidades de cambio parecen anidar en la profunda desconfianza de los ciudadanos hacia la política, cuando suspenden a todos los dirigentes y perciben a los propios políticos como problema. Es ahí donde se libra la batalla entre opciones más igualadas que nunca.

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