DEMASIADO PARA RAJOY

MANUEL ALCÁNTARA

El próximo sábado, sin ir más lejos de lo que permite el calendario, el Gobierno tomará el control de la Generalitat y formará un órgano colegiado para dirigir Cataluña. El Parlament seguirá funcionando, pero a medio gas, porque ha tenido muchos escapes y a todas partes llega el olor a chamusquina. ¿Cómo se puede restaurar el orden que no ha existido anteriormente? El independentismo está en la calle y el conseller Turull, el vicepresidente Junqueras, que no nos quita ojo, y la presidenta del Parlament, Forcadell, insisten en su conducta separatista. Han rebasado el tacto de la audacia, que consiste en saber hasta donde se puede llegar demasiado lejos. Para tomar el control completo de la Generalitat, Rajoy asumirá la competencia para convocar comicios autonómicos, pero sin demasiada prisa. Esperará a que se haya recuperado la legalidad, la convivencia y la economía, que son las tres patas del banco cojo catalán. La aplicación del artículo 155, descolgado de la panoplia, permitirá la presidente del Gobierno que asuma el mando de los Mosos de Escuadra y el relevo de Lluis Trapero. Pero hay otra cosa más importante: el control de la televisión pública catalana. Muchas tareas se le agolpan a don Mariano, que tiene un gran sentido del orden y no quiere que ninguna se adelante a otra.

Las medias tintas siguen emborronando las páginas del libro de reclamaciones y Puigdemont habla del intento de liquidar la democracia en Cataluña. Los separatistas no cejan, porque se les ha metido entre ceja y ceja que su región, al que llaman país, sería feliz si se separara del resto de España, al que denominan Estado central. La medida más eficaz para impedir el desguace sigue siendo el control financiero en materia tributaria y presupuestaria. La exquisita sensibilidad catalana para los temas económicos puede desembocar en un río aún más revuelto. Incluso a Rajoy se lo puede llevar la corriente.

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