Radicalización de la Generalitat

Junqueras fuerza la crisis de Gobierno para lograr total compromiso del Gabinete y el PDeCAT se debilita frente a ERC

La fulminante destitución del consejero Jordi Baiget tras haber insinuado este que no estaba dispuesto a arriesgar su patrimonio personal en el referéndum ilegal puso en alerta a los actores que están impulsando el 1-O sobre los riesgos que corren: el Tribunal de Cuentas, a instancias de la Fiscalía, va a exigir la responsabilidad contable pertinente a Mas, Ortega y Rigau por el uso de dinero público de forma irregular el 9-N. Si el instructor aprecia que existió tal responsabilidad, los denunciados deberán depositar una fianza que cubra los más de 5,1 millones de euros dilapidados. Así las cosas, la manifiesta tibieza de algunos miembros del Govern irritó a Junqueras, quien exige «la colectivización de la responsabilidad», es decir, la implicación de todos en la rendición de cuentas a que haya lugar porque él no está dispuesto a comerse el marrón en solitario ni a subir a los altares como «san procés». En definitiva, el vicepresidente ha presionado sobre Puigdemont y este ha remodelado el Gabinete cambiando a cuatro miembros del PDeCAT: se impone el «paso al lado» de Munté, Jané y Ruiz, que son sustituidos por Turull, Forn y Clara Ponsatí. Además, Víctor Cullell será el nuevo secretario del Govern en sustitución de Joan Vidal de Ciurana. Iceta, líder del PSC, manifestaba al rato su honda preocupación por el hecho de que, poco después de que Jané consiguiera reunir la Junta de Seguridad tras nueve años de desentendimiento, haya sido sustituido por un personaje radical cuyo principal mérito es ser «independentista de toda la vida». La remodelación es a todas luces un nuevo éxito de ERC, y un nuevo paso en la desintegración del nacionalismo moderado, que está pagando su dócil seguidismo de los últimos años tras ERC, una formación que no tiene dificultades ideológicas para entenderse con la CUP. Este nuevo viraje hacia la obstinación y la estridencia ciega además cualquier intento de apaciguamiento que pueda intentarse. Es evidente que hay un cierto afán de provocación en el soberanismo que en todo caso el Gobierno debe contrarrestar con la mesura y la templanza con que, por ahora, gradúa su intervención.

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