QUIM TORRA: CUANTO PEOR, MEJOR

MARCELINO IZQUIERDO

El incidente protagonizado en Washington por Quim Torra y Pedro Morenés pone de manifiesto la desesperación por la que atraviesa el separatismo en Cataluña. Mientras el embajador español en EEUU escuchó en silencio el discurso del president de la Generalitat, incluidas sus referencias sobre los «presos políticos», la delegación catalana abandonó el acto de forma airada cuando Morenés argumentó los motivos por los que políticos están presos. Sin duda, Torra y su séquito infringieron el primer mandamiento de la democracia: respeto por las ideas del contrario. Recomendaría una simple lectura de ambas intervenciones -fáciles de encontrar en Internet- para cerciorarse de que el independentismo sólo buscaba hacer ruido.

A raíz de visitar Barcelona en la Diada del 2017, escribí en este mismo Crisol mi preocupación por la deriva del nacionalismo catalán, empeñado en alcanzar su objetivo separatista a cualquier precio. Critiqué también la nefasta gestión del Gobierno de España, y en especial de su ministro del Interior en la jornada del 1 de octubre, cayendo torpemente en la trampa tendida por Puigdemont.

Acabo de regresar de la Ciudad Condal, tras disfrutar de la Nit de Sant Joan, su fiesta más emblemática, donde el suflé independentista comienza a desinflarse a marchas forzadas. Si hace poco menos de un año las esteladas inundaban balcones, monumentos o farolas, su presencia ha descendido notablemente. Muchos catalanes critican abiertamente la gestión del supremacista Quim Torra y sus acólitos, que tratan por todos los medios de mantener viva la llama del odio y jugando al «cuanto peor, mejor». Algo parece estar cambiando en la sociedad catalana.

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