Hay pulpos músicos

FÉLIX CARIÑANOS

A mí me encanta el pulpo, el pulpo de feria se entiende. Uno de los mejores que he comido -o, mejor, he almorzado- fue un día de Año Nuevo en Piedrahita, cerca de O Cebreiro, en la década de los años noventa al regresar de Santiago de Compostela. Estaban los montes cubiertos por una gran nevada y pisamos -me acompañaba Julián Duque, alias Trantrán, el zahorí de Viana- una campa donde se levantaba una carpa cubierta con una gran lona y mesas corridas. Fuera, una señora vestida de negro se afanaba cociendo pulpo en caldera de cobre. «Van a comer ustedes el pulpo mejor, que ahora lo estoy haciendo con leña y después lo haré con butano»-nos dijo-. Recordé la cita de Álvaro Cunqueiro, mágico escritor gallego de Mondoñedo, cuando en el prólogo de «Cocina gallega» citaba al peregrino francés Jacque Mabille de Poncheville, que, en el transcurso de la segunda mitad de los años veinte, haciendo el Camino de Santiago, llega a Lugo y, al ver entre dos cubos de la muralla romana a varias mujeres preparando el pulpo ataviadas de negro, se le antojaron meigas o brujas «poco menos que preparando el aquelarre».

Los pescadores cuentan a este molusco como uno de los habitantes más inteligentes de la fauna marina y, por las sentencias de algunos jueces en estos últimos tiempos, algo semejante ha ocurrido con numerosos piratas frecuentemente encorbatados que han demostrado tener más manos para chorizar que los citados cefalópodos. Incluso poseen una de las habilidades de estos, que consiste en expulsar una mancha oscura para ocultarse de quienes los persiguen. Eso sí, la realidad está revelando que más que inteligentes son listillos.

Por lo poco que va apareciendo, el circo en que trabajan estos señoritos alcanza a todo el cortijo español, y hay quien dice que las habilidades conocidas son solo la décima parte de las destrezas que pueden continuar saliendo a la pista. Y mira que, mediante influyentes ayudas en altísimas instancias, logran resistirse los jodidos de ellos a saltar al ruedo. Estos días precisamente hacen el paseíllo los diestros de la Gürtel valenciana, entre los cuales asoma alguno nuevo que va a tomar la alternativa; también se habla de los ERE, que supongo acabarán siendo atribuidos a los antiguos califas de Córdoba, que para eso mandamos los de izquierdas en Andalucía, donde el tema de esos millones desaparecidos es tabú hasta en las chirigotas de Cádiz.

En fin, recientemente, para mayor regocijo del respetable, ha hecho su aparición una nueva especie de pulpo, este mediterráneo, el palau convergens catalanensis, expuesto en Barcelona. Hasta llegar a su captura, los cefalópodos se han resistido muchísimo, siendo doce de ellos machos y una hembra, la financiera. El caladero, denominado en el argot de los marineros Convergencia i Unió, se prevé interesantísimo. El Palau sagrado de la música catalana acaba de añadir a su larga colección de medallas esta tan esperada. Mi más sincera enhorabuena. Y me despido, que hoy mi adorada Maite va a prepararnos en el chamizo pulpo a feira con toque singular. Para ello se ha traído de Vitoria platos de madera y ribeiro en taza. Buen provecho.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos