Pujolandismo

RICARDO ROMANOS

Si usted fuera italiano estoy seguro de que conocería, más más que menos, las claves de las que se nutre la Commedia dell'Arte, aunque es posible que, con ser un buen aficionado al teatro, haya pasado usted muy buenos ratos dando de comer a esos patos. Le recuerdo, pues, que la Commedia, también llamada comedia a la italiana e indudable patrimonio cultural material de la humanidad, es hija directa de la comedia plautina por parte de madre y del antiquísimo carnaval mediterráneo por lo paterno, dividiendo su universo satírico en sus personajes, dos hemisferios dialécticos contrapuestos: los amos y los zanni, los criados. Esto es, marxismo puro y duro. Aunque más de los Marx Brothers, que tanto le debieron como Chaplin, que de don Karl. Viene esto a cuento porque, para que podamos comprender en toda su impostura al nacionalismo catalán de hoy, se hace imprescindible la revisitación a un magnífico, y ya todo un clásico, montaje teatral que Albert Boadella y realizaron a principios de este siglo. Me refiero, claro está, a , que le recomiendo encarecidamente a usted degustar con un clic en Youtube, tanto en versión catalana (mucho mejor) como en castellano, y donde Ramón Fontseré, el ya mítico y fascinante actor de la compañía catalana, encarna a un Jordi Pujol en un retrato psiquiátrico espeluznante, descacharrante, demoledor. Fontseré estuvo estudiando al personaje meticulosamente durante todo un año, lo siguió allá donde Pujol se presentaba, analizó vídeos, comparecencias oficiales y entrevistas y terminó abduciendo su alma, salpimentándola en escena con numerosas anécdotas conocidas extraoficialmente por los entornos políticos, sociales y familiares del estrambótico personaje: el honorable, manda huevos. Boadella, para mi gusto uno de los tres mejores creadores teatrales del mundo y el mejor director de escena español del siglo XX, partiendo de Jarry homenajea en Ubú a, o echa mano de, la comedia italiana, lo que da pie a Fontseré para construir, de paso, uno de los mejores (ese abyecto, avaro, rijoso y miserable mercader veneciano) que he visto en mi vida. Reitero: no se lo pierda usted, porque los tics, la gestual de Pujol-Fontseré-Pantalone, es de antología. Claro que también aparecen otras muchas cosas en la función. O sea, todo: aquella corte de los milagros del pujo-landismo: mucho peor que las saineteras peliculillas del peor don Alfredo, con los pujo-lísticos hijitos, qué listos, jugando al Monopoly desde pequeñines, Uriol, Uriol, la beata Ferrussola disponiendo vidas o aireando en su ignorancia paleta grandezas pueblerinas, la prensa subvencionada lamiendo alfombras, la pastizara volando de un bolsillo a otro, Maragall chupando ruedas de molino y el ¡hable usted catalán, perra, que es la lengua de mi independiente Arcadia!, escupido a las dominicanas o extremeñas del servicio doméstico. De aquellos polvos, tan secundados por el PP de Aznar (son primos hermanos en corruptelas derechosas, latrocinios y fatídicos populismos patrióticos mal que les pese) y tan bendecidos cuando le convino al PSOE, estos lodazales. Y allí estuvo y está la madre del cordero degollado. Le preguntan a Boadella en una entrevista por sus de hace quince años y contesta que él se limitó a radiografiar teatral, artísticamente, la realidad. Así pues, el puigdemontismo de hoy es al pujolandismo de ayer lo que un hijo a su berreadora madre, la continuidad de una encamada. Como el rajoyismo al aznarismo. Y ahora nos vienen con irresponsables y electoreros banderolos los unos y los otros a excitarnos ese cainismo tan español (tan catalán) que tantas desgracias nos ha regalado en nuestra Historia. Quede Bertolt Brecht aquí: «El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo, cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora, es un absurdo total». Y no sé qué coño hace la izquierda de hoy siendo tan condescendiente con esa mierda, como Pablo Iglesias y los suyos (y suyas). Porque lo van a pagar caro en las urnas mientras los derechistas de Ciudadanos y la rancia y franquista ultraderecha española a lo Esperancita, VOX, Mayor Oreja y otros falangistones disfrazados de progres ecologistas, ojo, se comen el bacalao. Otra desgracia en nuestro triste devenir. Y si no, al tiempo. Que dicen que se nos va a enfriar. Y viva Boadella, ese Molière.

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