Puigdemont, en rebeldía

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha anunciado su intención de ejercer en rebeldía, lo que supondría un paso más en la ilegalidad del proceso. «Si el Tribunal Constitucional me inhabilita, como puede hacer, no lo aceptaré. Solo el Parlamento me puede suspender. Una inmensa mayoría del pueblo catalán quiere votar [...] No existe un poder lo bastante fuerte como para cerrar el gran colegio electoral que será Cataluña el 1 de octubre», declara Puigdemont en una entrevista en 'Le Figaro'. El periodista debe haberse quedado transido por la perplejidad, porque nunca antes un gobernante democrático declaró tan paladinamente su disposición de contravenir las leyes vigente e incurrir en desacato de una decisión de un tribunal. Sólo las ideologías extremas, radicales, sostienen que el fin justifica los medios. En un sistema de libertades, en una democracia parlamentaria occidental, tal axioma es inconcebible. Lo grave del caso es que estas actitudes apartan el conflicto del terreno político y lo introducen en el del orden público, en el de la seguridad. En un Estado de Derecho puede discutirse todo, pero no son tolerables las amenazas ni la reducción del conflicto a una dialéctica de fuerza. Puigdemont, que es la punta de lanza, ha perdido completamente el sentido de la orientación.

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