PUIGDEMONT EN LA ESPIRAL DEL LODO

PABLO GARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

El surrealismo era esto. Un desencuentro absoluto con el sentido común para introducirnos en un escenario desconocido e incomprensible. A la cabeza de todo, Carles Puigdemont, un personaje acosado por sus veleidades, una especie de aficionado a la política que juega con la Generalitat como si fuera su particular Monopoly y que es capaz de decir una cosa y la contraria al mismo tiempo y desdecirse segundos después de lo que no ha dicho. Un auténtico irresponsable al timón de una nave a la deriva con una tripulación de grumetes esporádicos, desde Carmen Forcadell a Ada Colau, que se han significado especialmente por poner a sus respectivas instituciones a los pies de los caballos en una deriva que comienza a tener tintes de tan absoluta irracionalidad que raya el misticismo. La imagen de la gente abucheando a un autobús de la línea 155 resume poderosamente la locura. Las caceroladas, las mentiras tribales, los bomberos insumisos, el victimismo, los Mossos de Esquadra quemando documentos, las empresas saliendo despavoridas, la ruina de la convivencia, los mapas de los libros de texto, un día son Kosovo, mañana Quebec, al día siguiente San Marino. Lo más alucinante de todo es el desapego de las élites con la realidad: pretendidos intelectuales que escriben majaderías, periodistas que blanden sus artículos como fusiles de asalto contra la cruda realidad, marchitos cantantes o entrenadores de éxito cuajando sus declaraciones de estupideces que tienen que ir a misa. Cataluña ha entrado en una espiral de lodo, con hondas raigambres en el supremacismo identitario, en la responsabilidad compartida con las principales fuerzas políticas nacionales, incapaces de dar una respuesta al desaguisado que no sea el cortoplacismo y el interés electoral.

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