Pugna en el nacionalismo

Una vez fracasado el 'procés', lo exigible por el electorado catalán es la recuperación de la normalidad

La secuencia de encuestas parece confirmar que la 'lista de país' (Junts per Catalunya), encabezada por el 'exiliado' Carles Puigdemont, está reduciendo la considerable ventaja que la separaba de ERC, cuyo líder, en prisión, no está en campaña, y que adolece de una notoria falta de liderazgo. Aunque tras la aplicación del artículo 155, que fue un baño de realismo, todos los sectores de Junts pel Sí parecieron optar por una cierta autocrítica, poco a poco se ha hecho manifiesto que la opción encabezada por Puigdemont -en la que el PDeCAT se ha diluido- mantiene la tesis descabellada de que él seguiría siendo el presidente de la Generalitat, por lo que las elecciones del 21-D serían algo así como la segunda vuelta del 1-O. La posición de Puigdemont es insostenible pero ha logrado seguramente arrastrar a los más irreductibles, a aquellos que no se resignan a reconocer que la aventura independentista ha fracasado porque ha vulnerado la legalidad constitucional, tiene la hostilidad de la UE, ha alarmado a los principales agentes económicos y adolecía de falta de masa crítica. De cualquier modo, y como ha recordado Inés Arrimadas, todavía «hay que votar», ya que las encuestas, inciertas por lo insólito de la situación, son muy controvertibles. Los mismos sondeos que reflejan esta especie de empate técnico entre ERC y JxCat sugieren que la mayoría soberanista, que incluye a la CUP, se aleja, si bien se mantiene un notorio equilibrio entre los dos hemisferios, el soberanista y el unionista. En estas circunstancias, el mantenimiento de los frentes establecidos abonaría la parálisis de Cataluña, la inestabilidad y la crisis, con consecuencias muy negativas sobre el bienestar de los catalanes. Una vez fracasado el 'procés', lo exigible por el electorado catalán es la recuperación de la normalidad, en el sentido de que las instituciones vuelvan a ponerse al servicio de los ciudadanos. Durante años, el fanatismo identitario ha hecho olvidar las necesidades de la ciudadanía, y ya es hora de que el soberanismo reconozca que lo urgente es vitalizar Cataluña y reconducir la política al territorio constructivo del imperio de la ley.

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