DE PUERTAS AFUERA

MANUEL ALCÁNTARA

El malestar de los pensionistas se ha convertido en cabreo y miles de jubilados se manifiestan para protestar porque sus pensiones no les dan para comer, salvo cuando decidan estar en ayunas. No es fácil subir las pensiones cuando falta dinero y los jubilados rugen frente a la puerta de los leones del Congreso, lo que no deja de ser una competencia ilícita, porque su garganta es más débil y además están afónicos. Según cálculos de los que todavía los hacen, los viejos tenemos los días contados, porque las cuentas de la Seguridad Social no salen y hay que seguir viviendo, que no es lo mismo que durar. La verdad es que los mayores no tenemos una idea muy clara de cuándo debemos recibir a la pálida dama. Borges la calificó de «vasta, vaga y necesaria», pero no tenemos prisa por recibirla, aunque hacerla esperar sea una descortesía.

El Estado democrático, que tardó tanto en llegar, ha llegado exhausto y es preciso apuntalarlo para que camine sin romperse la crisma. Los independentistas son también independientes de la verdad y siguen propagando sus embustes mientras los caudillitos del 'procés' arrían sus banderas. Junqueras y los 'Jordis' están a la sombra y ven la libertad a la parrilla, que es como Ramón Gómez de la Serna decía que la divisan los reclusos, mirándola entre los barrotes. Mientras, un ertzaina ha muerto tras los choques con los ultras del Spartak, en Bilbao. Los hinchas no saben discutir. Creen que llevan la razón siempre, porque sus razones dependen de los colores de su equipo. Muchos acuden a los estadios no a ver quién gana, sino a ver con quién se pelean. Jamás salen defraudados, porque esa clientela no falla nunca, aunque falle su equipo. Lo que ya está fallando es el sistema de pensiones. Los expertos en utopías calculan que deberíamos crecer un 4,2% hasta 2050, pero los pensionistas tienen otros cálculos.

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