En mi pueblo ya no hay caridad

PIEDAD VALVERDE

Hace casi treinta años que vine a Logroño desde Baza, mi pueblo natal, en la provincia de Granada. Lo cierto es que ya no sé muy bien de dónde soy, imagino que de los dos lugares y de ninguno, pero les confieso que son dos palabras que tienen mucho significado para mí. Por ejemplo cuando en casa estamos comiendo y en las noticias el locutor dice algo de Baza nos quedamos con el tenedor en el aire y la curiosidad en la mirada para ver qué ha sucedido allí. Y por supuesto cuando viajo a Andalucía el efecto es el mismo con Logroño o La Rioja. Incluso mis hermanos y en su momento mis padres y mis suegros nos llamaban para comentarnos que había salido en la tele esto o lo otro. Será porque soy charlatana y voy contando siempre de donde soy, también son muchos los amigos de Logroño que se hacen eco de cualquier cosa que pase en mi pueblo. Normalmente Baza suele ser noticia por hechos que no son para sentirse muy orgulloso. Por ejemplo un famoso miembro del antiguo GAL es bastetano y de vez en cuando salen sus declaraciones en la prensa, también ha sido sonado el asesinato de una mujer en una joyería por violencia de género y algunas veces por la fiesta del Cascamorras, que aunque la hayan declarado de interés nacional o esté narrada en un capítulo del Quijote a mí nunca me ha emocionado la historia de un bufón al que persigue una multitud por robar la Virgen de la Piedad.

Pero por una vez salimos en los papeles por una cosa buena, resulta que Baza junto a Santurce son los municipios de España con población superior a 20.000 habitantes que más invirtieron en servicios sociales en relación a su presupuesto municipal en 2016. Según los datos del Ministerio de Hacienda y el estudio realizado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales que entregará al Ayuntamiento de Baza un reconocimiento por el desarrollo de políticas que mejoran la calidad de vida de sus ciudadanos. Son datos estadísticos nada más, porque le pregunto a una amiga de Logroño que pertenece a esta asociación y me aclara que no todas las ciudades facilitan sus datos por lo que no es un ranking propiamente dicho pero que indica la sensibilidad de un gobierno municipal con los colectivos desfavorecidos.

Así que por una vez me siento orgullosa de mi pueblo y me alegro mucho de que hayamos mejorado tanto en este sentido. Sobre todo porque me viene a la memoria una pequeña historia que les pasó a mi madre y a mi tía precisamente en Baza. Resulta que en plena democracia y con un alcalde socialista recibieron una carta del Ayuntamiento para ir a recoger los Reyes de sus hijos. Las dos acudieron creyendo que era algo general para toda la gente. Pero comprobaron que sólo les habían enviado la invitación a las familias del barrio en el que vivían. No es que fuera algo malo, ellas podían haberse percatado y no haber acudido pero no se les ocurrió pensar que era un acto de caridad para familias pobres ni que tendrían que hacer una fila para que las autoridades les hicieran entrega de un juguete. La verdad es que quien decidió enviar esta carta no lo hizo para humillar a nadie y no sabemos qué criterios usaría además del geográfico, pero a ellas les molestó porque siempre habían comprado regalos en la Noche de Reyes por modestos que fueran.

Curiosamente mi madre y mi tía han hecho, en su momento, uso de los servicios sociales, en concreto de la ayuda a domicilio y de la rehabilitación de viviendas para discapacitados pero en esos casos no se han sentido humilladas, al contrario, han presumido de que era su derecho por toda una vida trabajando y contribuyendo con sus impuestos.

Así que me alegro de verdad de ese cambio de enfoque y aprovecho que viene la Navidad para reflexionar sobre esas campañas sensibleras y caritativas como la recogida de alimentos o de juguetes, salvando siempre la buena voluntad de los voluntarios, porque el bienestar social es un derecho de los ciudadanos. Ah, y dicho sea paso felicito a mi pueblo porque ya no tiene caridad.

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