LA PRUEBA DEL 1 DE MAYO

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

Los sindicatos se la vuelven a jugar. Hoy se conmemora el Primero de Mayo, uno más en el que las centrales se enfrentan a uno de sus mayores temores: que los trabajadores den la espalda a sus llamadas a la movilización. Porque una respuesta ramplona sólo se puede interpretar como una manifestación de desafecto. Y ya van unas cuantas.

Este año, además, es especialmente relevante para UGT y CCOO dado que la convocatoria sindical llega precedida de las masivas protestas de los pensionistas y de las mujeres que han llenado las calles de España como hace años no se veía. Fueron espectaculares. Todas las estimaciones sobre el respaldo que obtendrían esas plataformas sociales se vieron desbordadas y los sindicatos se subieron al carro después, por más que se empeñen en asegurar que estaban ahí desde el principio.

Y no. Las centrales no estaban en esa pomada desde el principio. Entre otras cosas porque andaban pringadas embadurnando su ADN con ungüentos que poco tienen que ver con su principal papel, el que justifica su existencia: la defensa de los trabajadores. UGT y CCOO todavía no han dado una explicación sólida y convincente, desde el punto de vista sindical, de la razón que les llevó a marchar el pasado día 15 en Barcelona, junto a la ANC y a Ómnium Cultural, en defensa de los dirigentes independentistas catalanes encarcelados o fugados. Ni una.

Al contrario, para querer ser parte de la 'solución' da la impresión de que se convirtieron en un problema para miles de sus afiliados y representados en todo el país sumiéndoles en el desconcierto y la perplejidad.

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