EL PROVOCADOR

MANUEL ALCÁNTARA

El presidente de la Generalitat propone un gobierno con huidos y encarcelados. No es que no cuente con otra gente, pero la que prefiere es la de los separatistas más fieles, que sabe que son los suyos. La intervención del Estado en Cataluña va a seguir porque vino para quedarse. El Estado, que dicen que somos todos, enarbola el artículo 155 de la Constitución, ya que considera inviable la lista de 14 consejeros, ya que todos han sido elegidos por el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra. La crema catalana, que es un excelente postre, no le gusta a muchos españoles y están dispuestos a levantarse de la mesa antes de que esté completamente desmantelada. Mariano Rajoy, que sigue siendo el presidente del Gobierno, no autoriza la confrontación con el Estado.

Todo esto sucede mientras Pablo Iglesias e Irene Montero le preguntan a Podemos si deben dimitir por el enojoso asunto del chalé, que antes era un empeño pequeñoburgués y ahora es una cuestión de Estado. La sensación que más cunde entre los gobernados, que se resisten a ser considerados como ingobernables, es de cansancio. ¿Cuándo se dan por vencidos los derrotados?, ¿cómo sería un Gobierno con fugados y presos? Mariano Rajoy, que también tiene curiosidad, ha hablado con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y con el lucero del alba, que le han confirmado que seguimos atravesando la noche más oscura de los tiempos últimos. Como si no nombrar las cosas fuese equivalente a que no sucedieran. Rajoy no quiere publicar los nombramientos. Lo que no es público no es notorio, aunque lo notemos todos. El llamado alto empresariado de Cataluña está desertando sin atropellarse. Lo de cambiar su voto para afiliarse a Ciudadanos lleva su tiempo y las bases del PP se resisten a caer por su propia base, pero la desbandada es evidente. No sirve no querer verla.

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