Cómo producir alimentos sin residuos tóxicos

Cómo producir alimentos sin residuos tóxicos

«La lucha química va dejando paso a otras herramientas de control más respetuosas con el medio ambiente y mejor aceptadas a nivel social»

Aunque en agricultura se han desarrollado programas de protección vegetal muy eficientes, los agentes perjudiciales todavía causan serios problemas, tanto en el propio cultivo en campo como en los productos cosechados.

A escala mundial se ha estimado que las pérdidas agrícolas pueden ser provocadas por unas 67.000 especies de organismos, de las cuales aproximadamente 9.000 son insectos o ácaros, 50.000 patógenos y 8.000 malas hierbas, aunque menos de un 5% del total producen pérdidas de relevancia.

En un trabajo pionero llevado a cabo por Cramer en 1967 y referido a más de 60 cultivos a escala mundial, se estimaba que un 35% del rendimiento potencial de los cultivos se pierde antes de la recolección por el efecto de plagas (13%), patógenos (12%) y malas hierbas (10%), a lo que hay que añadir un 10% adicional de pérdida del producto cosechado. En un trabajo posterior realizado sobre los cultivos de mayor importancia a nivel mundial, se ha estimado que las pérdidas totales son de un 42%. Los daños son menores en Europa (28%) y Norteamérica (31%) que en Asia y África (casi un 50%). Sin las medidas actuales de control, ya sea químico o de otro tipo, el mismo estudio estima que las pérdidas se incrementarían hasta un 70%.

En un contexto global, no es admisible la magnitud de estos daños si se pretende alimentar adecuadamente a la población mundial. Generar una provisión de alimentos con garantías sanitarias, de calidad y en cantidades suficientes para alimentar a una población en fuerte crecimiento no será fácil, especialmente si esas pérdidas no pueden ser sustancialmente reducidas. A ello hay que añadir que dicha reducción ha de llevarse a cabo de un modo compatible con un no deterioro ambiental y cumpliendo unas lógicas exigencias sociales. De este modo, la solución de los problemas planteados por los enemigos de los cultivos es uno de los grandes desafíos de la agricultura y del propio progreso científico.

Haciendo referencia únicamente a las plagas (insectos y ácaros, especialmente), desde mediados del siglo XX, y aún en la actualidad, su control se ha basado fundamentalmente en el empleo de plaguicidas químicos, sobre todo neurotóxicos (generalmente poco selectivos y persistentes). El empleo masivo de estos compuestos ha traído consigo serios problemas toxicológicos y ambientales, así como otros relativos a la eficiencia en el control de las propias plagas (rápida resurgencia de sus poblaciones, aumento de la importancia de plagas antes secundarias, aparición de resistencias y destrucción de fauna auxiliar).

La alternativa que debe ser puesta en práctica en la actualidad (y que incluso está obligada por ley, tal como se recoge en el RD1311/2012 de uso sostenible de productos fitosanitarios) es la conocida como Gestión Integrada de Plagas (GIP). Según los principios generales de la GIP se da prioridad a las medidas preventivas o medidas indirectas de control, tales como la utilización óptima de los recursos naturales, la eliminación de prácticas agrícolas con impacto negativo sobre el agroecosistema y la protección y aumento de los enemigos naturales de las propias plagas. En definitiva, se trata de permitir la recuperación de agroecosistemas más biodiversos y, de este modo, menos indefensos frente a la acción de plagas ya presentes o de otras nuevas que pudieran llegar.

La implementación de estas medidas es algo muy complejo ya que se deben considerar, además de la plaga y el cultivo, sus interacciones con el entorno. Consecuencia de esta complejidad, la correcta toma de decisiones requiere disponer de muchos conocimientos. Precisamente, el X Congreso Nacional de Entomología Aplicada-XVI Jornadas Científicas de la SEEA, organizado desde la Universidad de La Rioja y que tiene lugar del 16 al 20 de octubre de 2017 en Logroño, tiene como objetivo fundamental reunir a científicos para catalizar y avanzar en el conocimiento sobre la resolución de este problema, así como facilitar el intercambio de ideas y opiniones, sin olvidar la difusión que las empresas del sector de la sanidad vegetal pueden hacer de las últimas tecnologías y productos. Un análisis previo de las comunicaciones que van a ser presentadas y de las conferencias plenarias que van a ser impartidas, indica que estamos en el buen camino. La lucha química va dejando paso a otras herramientas de control más respetuosas con el medio ambiente y mejor aceptadas a nivel social. Todo ello, gracias al esfuerzo de personas que trabajan por generar los conocimientos imprescindibles para hacerlo posible, así como al de aquéllas otras que permiten que esos conocimientos lleguen a la práctica.

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