Primavera

SYLVIA SASTRE

Estamos en primavera, la estación que abre nuevamente el ciclo de la vida pero también las alergias a los pólenes, la inestabilidad, los cambios de humor y la fobia administrativa como contribuyentes por la cercana declaración de la renta que recuerda lo costoso que es vivir.

Junto con ello, van sucediéndose hechos que mantienen un activo nivel de tensión o polémica. Por ejemplo, se ha reavivado el debate público sobre la igualdad de género reabriendo la discusión sobre la identidad femenina, pero también la masculina y la de otros géneros, mientras continúan dándose flagrantes casos de desigualdad y abusos continuados puestos a pie de página por la más que dudosa sentencia judicial sobre la ignominiosa acción en grupo de la Manada, indicadora de que no se ha erradicado el primitivo imaginario masculino sobre la conducta sexual. Lo que sí cambia es que la conducta de las mujeres frente a los abusos ya no es solitaria ni escondida, aunque aún quede un amplio camino de transformación en las instituciones para que evolucionen al ritmo de la sociedad.

Por otra parte, incluso la prensa extranjera se hace eco del barullo generado por la adquisición de Pablo Iglesias e Irene Montero de una espléndida vivienda unifamiliar, poco asequible para la mayoría de bolsillos. Lo curioso no es que hayan decantado hacia un nivel de vida que no parecían desear, sino que sean ellos, los que citen la palabra coherencia en su conducta y denuncien «haber perdido el derecho a la intimidad» en un contexto político en el que han criticado activamente la adquisición de viviendas de lujo a otros políticos contemporáneos de distintos partidos, o que hayan proclamado antes que vivir en chalets desconecta al político de la realidad. Sorprende, además, que se arropen en los 'inscritos e inscritas'" de su partido para asegurar su continuidad en la vida política, victimizándose porque pertenecer a Podemos supone ser el blanco de las críticas. Quizás el enfoque sea borroso; les asiste el derecho de decidir disfrutar de un nivel de vida aunque parecieran estar en contra, pero señalarse como víctimas por ello, es incoherente cuando somos testigos del fuego amigo y enemigo que últimamente socaba la coherencia de los políticos del Estado, sean del partido que sean. Es más, proyectar en los demás decisiones propias escudándose en el beneplácito del partido es de dudoso valor; hay que ser coherentes entre discurso y acción, entre las afirmaciones sobre las que han asentado su política diferenciadora y que parecen de distinto alcance cuando se aplican a ellos. Quizás el psicoanálisis tenía razón cuando afirmaba que es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos.

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