Sin presos ni fugados

La rectificación de Quim Torra al sustituir a los cuatro consejeros presos o fugados de la Justicia cuyo nombramiento había anunciado por otros sin causas pendientes permitirá por fin a Cataluña contar con un Gobierno efectivo casi cinco meses y medio después de las elecciones autonómicas. El desafío al Estado que suponía la provocadora medida del presidente de la Generalitat había bloqueado la formación de su Ejecutivo y, de paso, aplazado el levantamiento del 155, que ahora parece inminente. A la marcha atrás de Torra no le son ajenas las crecientes grietas que su incomprensible decisión había añadido a las ya abiertas en el independentismo por la suicida estrategia rupturista de Puigdemont y los suyos, contestada por algunos sectores de su propio partido y de sus socios de ERC. El 'president' ha eliminado uno de los obstáculos que él mismo colocó en el camino hacia la normalización de su comunidad. Su trayectoria, incluidos los mensajes xenófobos del pasado, y su proclamada pretensión de impulsar una república independiente en contra de la legalidad y de los deseos de la mayoría de los catalanes no permiten hacerse demasiadas ilusiones respecto al encauzamiento de la crisis.

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