PRESIDENT Y PRESIDIARIO

MANUEL ALCÁNTARA

No hay prisa por escoger y el Gobierno sigue estudiando cómo prevenir la investidura de Puigdemont. Hay propuestas para todos los gustos, pero el disgusto abarca a todos porque en el gallinero español sigue cacareando Cataluña y no se puede hablar de otra cosa sin riesgo a quedarse fuera de juego. Continúan las exploraciones mientras Rajoy, que es el divino paciente, sigue considerando los hechos, después de que haya contribuido a que se produzcan. El estado de oscilación que produce la duda es más duro que ella misma, mientras los ayuntamientos aceptan las reformas de las plusvalías que cada vez valen menos. ¿Se puede ser al mismo tiempo y sin pisarse los talones bancarios juez y parte? Se le reprocha al PSOE que no haya sabido quedarse con los que no eran suyos, lo que de otra forma equivale a decirles que siguen siendo el partido más decente, comparativamente, claro. O sea, confrontándolo con otros. ¿Por qué elegir entre dos sinsabores? Los expertos en asco tienen la palabra porque el gusto es suyo.

Todo lo que nos queda es nada si lo comparamos con lo que nos aguarda. «El rigor de esta agonía de andar de este cuchillo a esta espada». El descenso constante, pero no imparable, de Unidos Podemos, no ha sido suficientemente evaluado, ya que las intenciones de voto no se confirman hasta el día de las elecciones. ¿Es lícito refugiarse en la frivolidad? No lo sabemos, pero nadie ignora que es una buena guarida. Los que somos moderadamente madridistas y sin ninguna moderación adictos al equipo de nuestra tierra, y, en mi caso, de nuestro mar, no sabemos a qué atenernos, más que en las consecuencias. Siempre pesan más de lo que podemos soportar, pero hay que seguir acarreándolas y quejándose lo menos posible, porque hemos quedado en que quejarse es cosa de bellacos.

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