Predicar con el ejemplo

DOMINGO GARCÍA-POZUELO

Cada día tengo más dificultad para comprender la actitud de una parte de la sociedad española, un sector ciertamente no mayoritario, pero cuya inclusión en el espectro de las zonas de influencia social y de conformación de opinión no es despreciable. No puedo valorar con total conocimiento y objetividad cómo se comporta actualmente Europa en su conjunto, y por proximidad, Francia, como país más representativo de lo que podemos entender como democracia consolidada. Pero sí que puedo decir que fue un espejo en el que nos miramos una generación de españoles, que ahítos de las oportunidades que podíamos deducir de testimonios de amigos o familiares que viajaban a ese país durante la dictadura, nos hacían imaginar ingenuamente y a causa de la inexperiencia, que una vez conseguida la democracia en España, todo sería un camino en el que nuestro desarrollo ético y legal sería equilibrado y decente. Pero cada vez, insisto, me resulta más difícil comprender, según los casos, lo que noticias cuasi diarias nos cuentan del comportamiento de bastantes de nuestros compatriotas, políticos o no, a los que me siento incapaz de calificarlos como honorables.

Por ejemplo, la reciente boda de un líder militante comunista, riojano sólo de nacimiento, que monta un sarao propio de cualquier enlace de folclórica y torero, disfrazándose de tal modo que pudo hacer pequeño el ridículo de Aznar en el Escorial, con la boda de su hija y Agag. Aquel casorio dio, con razón, para muchos ríos de tinta, tanto por la pérdida de orden y recato, como por la falta de sosiego y moderación con la que se debía haber organizado, incluido su exhibicionismo exagerado. Pero éste, el de marras al que me refiero, fue un festejo tan fuera del tiesto como aquel, con simulación de casamiento -un paripé-, según la crónica de éste periódico, oficiado de manera simulada por un actor amigo; banquete como si de las bodas de Caná se tratara, en la que no creo fuera necesario hacer milagro alguno con el vino, pues sólo faltaría que en esta tierra hasta en eso se nos manipulara.

Y es que lo de predicar con el ejemplo deben tomárselo por el lado equivocado muchos de los que se autotitulan progresistas, ya que tratar de imitar las formas, el boato, el ingente gasto y la farfolla de los ricos les está permitido porque tienen carné de izquierdas, y lo de ejemplificar a los ciudadanos con muestras de moderación, rectitud moral y ética, es innecesario, porque sólo por el hecho mismo de afirmar su compromiso verbal con los más desfavorecidos, se lo perdonaremos, y pelillos a la mar.

En otro juego más grave se puede incluir la asquerosa tergiversación que se propició con la manifestación por el acto terrorista de Las Ramblas en Barcelona. El oportunismo, la manipulación, la falta de duelo y la inmoralidad, entre otros epítetos con los que podría calificar a esa mugre que componen la CUP y sus alrededores, incluidos los del tres por ciento y alguna que otra excrecencia insertada en nuestra democracia, fue para vomitar.

Y en fin, en todo este desorden tampoco hay que excluir el de esa madre andaluza, cuyo desacato y huida de la justicia ha sido utilizado a modo de serpiente de verano. Y que al margen del drama del matrimonio peleando por la custodia de los hijos, lo que vimos fue un acto de insumisión legal, al cual se inducía desde el entorno asesor de la interfecta para que se apoyara su desacato y se la jaleara como si de una rediviva Agustina de Aragón se tratara. Me sorprende que la beligerancia y presteza de tanta asociación judicial para terciar sobre cualquier hecho, aunque sólo sea por politiqueo, no se pronunciara sobre lo pernicioso que resulta presentar esa rebeldía como una heroicidad y no como lo que es: un acto ilegal de secuestro de unos niños y exponer la diferencia entre los sentimientos paterno filiales, legítimos, y el cumplimento de una orden judicial.

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